Que nadie se haga el distraído

La situación en la ex cárcel departamental, hoy Centro de Rehabilitación, es insostenible. Un centro carcelario que fue construido para albergar un centenar de personas hoy tiene 250 reclusos allí alojados.
La situación ha trascendido de varias formas, aún cuando las autoridades son reacias a hablar del tema, en el convencimiento de que pudiera desnudar precisamente esta situación y alertar a los reclusos de la debilidad del sistema en ese aspecto.
Entendemos que ocultar la situación no hace más que tirarle el fardo de la responsabilidad a quienes tienen la responsabilidad directa de enfrentarlo.
Lo mejor es enfrentar el problema antes que eludirlo. A corto plazo debe hallarse una salida a pesar de que es sabido que con pequeñas diferencias la situación es la misma en todo el país.
Las cárceles están saturadas y cada vez es mayor el número de reclusos. No ignoramos que no se trata sólo de construir más cárceles, sino de cortar la “fábrica” de delincuentes, que se origina precisamente en una sociedad enferma, que corre tras los bienes materiales y que ha inculcado a rajatabla el concepto de “hacé la tuya”, cueste lo que cueste así sea agredir a tu propia madre y el de tener es poder.
La maldita droga ha  destruido hasta el último de los códigos y cada vez es mayor el número de adictos a las drogas “duras” que no tienen otro objetivo en su vida que no sea el de conseguir la droga.
La misma política del “hacé la tuya”, lleva a que muchas veces busquemos la posición menos complicada. Hagamos “la plancha” y miremos para otro lado, luego de dar a conocer el tema.
Si nos quedamos en esta actitud, es probable que hayamos salvado nuestra responsabilidad o la mayor parte de ella, pero lamentablemente no es suficiente y no nos referimos únicamente al tema policial como parte del Ministerio del Interior que tiene a su cargo las cárceles.
Si bien el Ministerio en particular tiene la máxima responsabilidad de la situación, la sociedad en su conjunto, que somos todos,  no puede desentenderse de la situación. Esto sin desconocer que no sólo se trata del problema locativo.
En algún momento habrá que hincarle el diente a este tema, porque hoy todo indica que seguirá creciendo el número de reclusos y no se avizoran posibilidades de construir o mejorar los establecimientos carcelarios, salvo en algún caso que no permite considerar que se resuelve el tema por esta vía.
Mientras no haya variantes en la situación, viviremos con algo así como una bomba de tiempo, capaz de estallar en cualquier momento.
Alberto Rodríguez Díaz

La situación en la ex cárcel departamental, hoy Centro de Rehabilitación, es insostenible. Un centro carcelario que fue construido para albergar un centenar de personas hoy tiene 250 reclusos allí alojados.

La situación ha trascendido de varias formas, aún cuando las autoridades son reacias a hablar del tema, en el convencimiento de que pudiera desnudar precisamente esta situación y alertar a los reclusos de la debilidad del sistema en ese aspecto.

Entendemos que ocultar la situación no hace más que tirarle el fardo de la responsabilidad a quienes tienen la responsabilidad directa de enfrentarlo.

Lo mejor es enfrentar el problema antes que eludirlo. A corto plazo debe hallarse una salida a pesar de que es sabido que con pequeñas diferencias la situación es la misma en todo el país.

Las cárceles están saturadas y cada vez es mayor el número de reclusos. No ignoramos que no se trata sólo de construir más cárceles, sino de cortar la “fábrica” de delincuentes, que se origina precisamente en una sociedad enferma, que corre tras los bienes materiales y que ha inculcado a rajatabla el concepto de “hacé la tuya”, cueste lo que cueste así sea agredir a tu propia madre y el de tener es poder.

La maldita droga ha  destruido hasta el último de los códigos y cada vez es mayor el número de adictos a las drogas “duras” que no tienen otro objetivo en su vida que no sea el de conseguir la droga.

La misma política del “hacé la tuya”, lleva a que muchas veces busquemos la posición menos complicada. Hagamos “la plancha” y miremos para otro lado, luego de dar a conocer el tema.

Si nos quedamos en esta actitud, es probable que hayamos salvado nuestra responsabilidad o la mayor parte de ella, pero lamentablemente no es suficiente y no nos referimos únicamente al tema policial como parte del Ministerio del Interior que tiene a su cargo las cárceles.

Si bien el Ministerio en particular tiene la máxima responsabilidad de la situación, la sociedad en su conjunto, que somos todos,  no puede desentenderse de la situación. Esto sin desconocer que no sólo se trata del problema locativo.

En algún momento habrá que hincarle el diente a este tema, porque hoy todo indica que seguirá creciendo el número de reclusos y no se avizoran posibilidades de construir o mejorar los establecimientos carcelarios, salvo en algún caso que no permite considerar que se resuelve el tema por esta vía.

Mientras no haya variantes en la situación, viviremos con algo así como una bomba de tiempo, capaz de estallar en cualquier momento.

Alberto Rodríguez Díaz







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