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Que no quede en nada como siempre

La noticia de que el coche de matrícula paraguaya que llevaba más de 23 kilos de cocaína, el que fuera detenido cerca de Montevideo, había ingresado al país por Salto Grande, no nos sorprende y tampoco debiera sorprender a las autoridades a cargo de los controles correspondientes.
Es que los controles en este acceso al país desde la Argentina, siguen siendo deficitarios y en buena medida se hacen en forma manual o visual, sin detenernos por supuesto a pensar en complicidades que evidentemente las ha habido en forma frecuente.
En estas columnas siempre hemos sostenido que así como pasa el contrabando sin que “nadie lo vea” aparentemente y prueba de ello son los grandes supermercados y otras empresas existentes en la ciudad, llegando a constituir un verdadero atractivo para el turismo, también puede pasar por no decir pasa la droga, los cigarrillos, las bebidas alcohólicas y otros elementos nefastos.
Esta situación se mantiene hace ya varias décadas y no ha habido nada ni nadie que fuera capaz de enfrentar la situación y quien tuvo el coraje de hacerlo terminó mal, sin que hasta hoy podamos entenderlo.
Si en esta ocasión se pudo desbaratar la maniobra y probar por dónde había ingresado al país, hay que pensar que obviamente es un pasaje frecuentemente usado, pero pocas veces se llega a detectarlos.
Es probable que exista déficit de recursos técnicos y humanos para llevar adelante controles satisfactorios. Pero también existe o por lo menos así lo entiende gran parte de la población, controles permeables, por no decir otras cosas. Unido a ello entendemos que no siempre los encargados de estos controles son las instituciones y los funcionarios que parecen más indicados para ello.
Entendemos que como todo tema fronterizo que involucra a más de un país, resulta complejo, pero esto no debe ser obstáculo para establecer un sistema realmente eficiente y adecuado para desbaratar los planes nefastos de gente sin escrúpulos, llevada por la política de satisfacer su propio interés, sin detenerse a pensar en las consecuencias y en los resultados de sus actividades.
No hay peor ciego que el que no quiere ver y no queremos que en esta oportunidad, como ha sucedido tantas veces antes, pronto nos olvidemos y todo quede igual que antes.
Seguramente si hay cámaras en el Paso de Frontera y esperamos que ya hayan sido instaladas, se podrá saber cuándo pasó este vehículo, a qué hora y cual era la guardia que estaba en ese momento.
Vale decir, si hay verdadero interés en saber quiénes son los responsables en cada caso, no es tan difícil.
A.R.D.