Que no se especule

La población uruguaya está soportando desde hace varios días una escasez casi total de supergás, a pesar de que el combustible no falta en el país.

La situación se origina en un conflicto que mantienen los trabajadores nucleados en el sindicato del sector y las empresas reunidas en la Cámara de Gas Licuado que tiene que ver con la distribución del producto a la población.

Sin entrar en los pormenores de la situación que provoca el conflicto –porque no los conocemos en detalle – lo que nos inquieta es la posibilidad de que alguien esté especulando para sacar provecho de la situación.

El abastecimiento de este combustible a la población es uno de los elementos más sensibles, debido a que es el gas licuado el combustible más utilizado a todos los niveles de la población.

Desde el momento en que se decide afectar con un conflicto este servicio a la población deberían de tomarse todas las precauciones para que ésta no resulte rehén de la misma.

Y en esto no se puede ser ingenuo. Si bien la primera responsabilidad puede ser de los trabajadores, tampoco se puede desconocer que en un rubro tan sensible a la población, es relativamente fácil especular para volcar en contra de la parte opuesta la opinión pública.

El enojo de quien padece la falta de combustible es grande y por lo tanto cualquier “manija”, hacia un sector volcará todo este descontento hacia él.

Es allí donde surge el cruce de acusaciones entre trabajadores y empresarios. Cada cual atribuyéndoles a los otros la culpa de que falte el supergás.

En este intercambio de acusaciones es difícil saber cuál es la situación real y concreta.

Creemos que los trabajadores tienen derecho a reclamar lo que entienden son sus derechos y a tomar medidas legítimas, reconocidas legalmente.

Pero en cambio no se puede tomar desaprensivamente medidas que se sabe habrán de afectar –como en este caso – fundamentalmente a la gente de menores recursos.

Otro de los factores inadmisibles en la materia es el hecho de que haya gente, comerciantes que pretenda aprovecharse de la situación para cobrar a mayor precio el producto que se está vendiendo desglosado, a veces de a kilo.

Todo tiene un límite y la población es conciente de que se trata de una coyuntura especial entre patrones y trabajadores, pero también hay que poner en la balanza todo el alcance que las medidas de una y otra parte pueden tener.