Que no sea sólo un cambio de almanaque

Aunque existe en nuestro país un dicho muy conocido que dice que “el año recién comienza cuando llega el último ciclista de la Vuelta del Uruguay” y esta tradicional competencia deportiva se corre durante la Semana Santa, finalizando precisamente el domingo de Pascua, en los hechos no es esencialmente cierto que esto suceda así.
Quienes trabajamos en el sector privado lo sabemos bien, salvo los feriados correspondientes, en materia de servicios se trabaja todo el año.
Cierto es que si hacemos referencia a los períodos de vacaciones, a la feria judicial mayor y demás, podemos señalar que la actividad no se normaliza casi que hasta marzo, situación que seguramente ha dado lugar al dicho de referencia.
Pero más allá de este hecho anecdótico y a los efectos de que la llegada de un nuevo año configura mucho más que un simple cambio de almanaque, es de desear que sea una hermosa excusa para que los hombres hagamos un mayor esfuerzo por entendernos, por dialogar por valorar y buscar el bien comunitario por encima del bien individual.
El año 2016 nos trae una leve esperanza de mayor compromiso, de mayor responsabilidad por parte de las naciones. En cuanto a la reciente cumbre ambiental realizada en París, Francia ha deparado algunos comentarios optimistas, señalándose como la que ha abierto más puertas a la esperanza de que por fin haya realmente un mayor compromiso hacia el cuidado y la preservación de la naturaleza, paso previo e ineludible para ocuparnos con mayor responsabilidad de quienes están a nuestro lado carentes de muchas de las cosas que nosotros podríamos ayudarlos a conseguir.
En el plano local la delicada situación que vive Salto y la región toda por estos días nos enseña también a ocuparnos más de nuestros hermanos. No se trata sólo de ayudar a salvar la situación, a superar la emergencia, sino que esencialmente, el mayor bien comunitario que debe dejarnos el enfrentar estas situaciones dramáticas, es la necesidad de asumir las deficiencias que tenemos como comunidad.
Podemos y debemos ocuparnos de quienes están enfrentados a posibles dramas como el de una inundación. Para esto es necesario, en primer lugar, aunar esfuerzos, asumir el rol que cada uno debe asumir. Por ejemplo, no se puede construir en zona bajas, fácilmente alcanzadas por las crecidas.
Cuando los gobernantes o la institución a quien corresponda – en algunos casos la propia Prefectura Nacional Naval – miran para otro lado, como sucede en Salto, y se dejan crecer estos asentamientos, se pasa a ser parte esencial del problema.
Este es sólo un aspecto de la cuestión, pero seguramente de los más importantes. El año nuevo nos trae una nueva oportunidad para entenderlo y asumirlo.
¡Ojalá no la desperdiciemos!
Alberto Rodríguez Díaz







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