Que no sea un simple cambio de almanaque

El “clima” de las fiestas tradicionales es propicio para que los seres humanos nos sintamos más hermanados. Con ganas de abrir nuestros espíritus a las buenas obras, de contribuir a mejorar las condiciones de vida de muchos coterráneos. Este debe ser el verdadero sentido de las fiestas tradicionales, que muchos más allá de un cambio de almanaque o de una ocasión propicia para disfrutar de una fiesta familiar o reunirse con los amigos o compañeros de trabajo, debería de servir para que podamos compartir, armonizar y buscar canales de armonía para las buenas intenciones que suelen manifestarse en estas ocasiones.
Los uruguayos somos pasionales y de allí que durante todo el año nos separen las ideas políticas, ideológicas o religiosas y los más fanáticos o radicales son capaces de llegar al insulto y la agresión.
Es esto precisamente lo que tenemos que entender que no es compatible con nuestros valores democráticos. Las diferencias deben zanjarse en las discusiones, en las deliberaciones, exponiendo con claridad y escuchando con atención las posiciones diferentes a las nuestras.
En estas ocasiones también suele estar presente el alcohol, como un elemento que complica más las cosas porque las discusiones lejos de volverse racionales se dejan caer en la pasión.
Una prueba de ello es lo acontecido días pasados en la Costanera Norte, donde tras una batalla campal de decenas de jóvenes, se confirmaron diversos daños. Los propios participantes, una vez recuperada su lucidez no podían creer lo que había hecho.
Es los mismo que sucede en los espectáculos públicos, sobre todo en el fútbol, cuando uno o un grupo de exaltados inicia una agresión o un saqueo y muchos más los siguen. No es correcto y todos lo sabemos. No está de acuerdo a lo que pensamos, pero lo hacemos. Días atrás trascendió que en Europa 8 de cada 10 ciudadanos confía en los demás, tanto en el tránsito, como en la vía pública en general o en el propio vecindario.
En América Latina en cambio el porcentaje es casi a la inversa. Tres de cada 10 confían y los demás no lo hacen. Es que el viejo dicho de la “viveza” criolla o el “momentito”, cuando se comete una infracción, sigue rigiendo nuestra conducta social.
Todavía no entendemos que las disposiciones se toman en bien de todos o de la gran mayoría y por eso hay que respetarla a rajatabla.
Ojalá la última fiesta del año sea propicia para mostrarnos una conducta diferente en este sentido.
A.R.D.