Que nunca se nos olvide

Auschwitz (1940-1945), centro de un complejo grupo de campos de exterminio. 6.000.000 de personas asesinadas. El doble de la población uruguaya. Entre ellas había niños, mujeres, hombres. No importa su nacionalidad no deja de ser menos barbarie atroz, los tormentos y las masacres.
Ruanda (1994) casi un millón de muertos, pertenecientes en su mayoría a una raza o una tribu africana, lo que no hace menos aberrante y condenable los crímenes. En este caso el horror duró 100 días y la mayoría de los tutsi, víctimas de la mayoría hutu, de Ruanda (Africa), fueron asesinados en sus propias casas, en iglesias u otros lugares donde se habían refugiado.
Esto sin olvidar el denominada genocidio armenio, del que se afirma que dejó más de 2.000.000 de víctimas entre asesinados y deportados de Armenia durante la primera guerra mundial 1915 -1917.
En todos estos casos hubo un común denominador. Las cosas no se dieron por generación espontánea, sino que fueron creciendo y desarrollándose con la complicidad de los países poderosos y de otros poderes que prefirieron mirar para otro lado, antes que comprometerse por defender la vida y la libertad ante los atropellos a que eran sometidos.
Más acá en el tiempo se han dado en nuestro sub continente, hechos muy similares. No creemos que haya una sola persona que justifique por ejemplo, la tortura, los tormentos y el asesinatos así sea de criminales que han cometido muertes aberrantes.
Entendemos que hay leyes para juzgarlos y una sociedad organizada debe de obrar de esta manera, no con el ánimo de escarmentar, sino para que se sepa que quien delinque debe pagar a la sociedad que integra por su delito.
Así sea una persona carente de recursos, debe de alguna manera resarcir el daño provocado y sobre todo, lo más importante tanto para ellos, como para nosotros, es el hecho de que se asuma, de que se tome conciencia del daño y la injusticia que se ha hecho.
El crimen no compensa, decían nuestros mayores y seguramente que es así, pero no sólo se trata de no asesinar por el hecho de que no compense, sino porque lo justo es respetar la vida y los derechos de los demás. Sólo así podremos dar forma a una comunidad en la que sea dignificante vivir.
Asiduamente nos encontramos con la afirmación de que “Nunca más” deben de repetirse estas masacres, estos crímenes de lesa humanidad, pero seguramente el riesgo está latente, por dos motivos esenciales: 1) El olvido de lo espeluznante de estas masacres, por parte de quien no las vivió en carne propia 2) La costumbre cómoda y cobarde de mirar para otro lado y dejar pasar los primeros síntomas sin condenarlos como se debe.
A.R.D.