Que quede claro

En estos días especiales que vive el país cuando comienza a instalarse un nuevo gobierno, hemos hallado reacciones de todo tipo. Hay quienes han destacado la transición en paz y en orden como corresponde y también hay quienes han optado por “apedrear el rancho” desde el comienzo mismo y profieren todo tipo de improperios, agravios y palabras soeces.
Que quede claro, no nos alineamos con esta posición, por la sencilla razón que siempre hemos rechazado todo tipo de fanatismos. No nos consideramos dueños de la verdad ni creemos que nuestra forma de pensar sea la única válida.
Quienes nos conocen saben cómo pensamos y mientras no nos demuestren lo contrario seguiremos pensando más allá de lo que se dice, o se afirma, porque pretendemos profundizar y rascar hasta el hueso antes de pronunciarnos.
Pero esto no nos enceguece y de hecho leemos y escuchamos a quienes no piensan como nosotros, pero tienen argumentos serios y profundos que vale la pena analizar.
No nos gustan los agravios y de hecho nos rechinaron los insultos a la gente del interior que fue a caballo a participar en el desfile de asunción del nuevo presidente. Conocemos la realidad del campo, sabemos que en algunos casos se participa porque así lo manda el patrón, pero esto no nos da derecho a insultar y denigrar a estas personas.
En casos que conocemos “la peonada” como le llamamos los puebleros, participan porque de no hacerlo se arriesga a quedar sin trabajo y de esto si que sabe. Ellos saben de tener una familia para alimentar y no tener de dónde sacar para mantenerla. Saben de pasar días y días deambulando en busca de trabajo sin conseguirlo.
Que nos perdonen los compañeros que piensan distinto, pero para nosotros estas personas son muy respetables y la tarea allí es demostrarles los cangrejos que pueden esconderse debajo de las piedras. Los verdaderos intereses que se juegan en cada caso. Esto es lo que nunca lograremos por el camino del insulto soez y del agravio.
Somos conscientes que muchas veces “la barra reacciona” según la traten y cuando recibe insultos, insulta y agravia. Pocas veces se sabe quién tiró la primera piedra, pero de todas formas que quede claro que no es el camino correcto. Felizmente sólo un puñado de desacatados, que ni siquiera sabemos de dónde proviene ha elegido este camino.
Felizmente ningún partido político ni ningún sector organizado de la sociedad uruguaya ha aconsejado esta actitud y este montón de desacatados no representa a nadie.
A.R.D