Que quede claro: el problema no es el celular

Interesante entrevista hemos escuchado recientemente a un psicólogo a quien se le consultó en referencia al tema de los celulares.
El uso y abuso de los teléfonos móviles, “acusados” frecuentemente de haber terminado con la comunicación familiar, de las tertulias compartidas con quienes están a nuestro lado y la respuesta fue más que interesante, no por desconocida, sino porque frecuentemente la pasamos por alto, ya acostumbrados a reaccionar y no a pensar con profundidad.
Los celulares son inocentes. No son más que una herramienta, pero los verdaderos culpables de haber terminado el diálogo, de haber afectado la comunicación familiar y demás, no son ellos, sino nosotros que abusamos de nuestros teléfonos.
En la vida todo es cuestión de límites. Un celular debidamente usado es una gran herramienta tecnológica, aunque nuestros amigos, familiares y nuestro entorno en general debe saber que no puede llamarnos ni mandarnos “what” siquiera por cualquier motivo y a cualquier hora.
Usado correctamente un celular es de una gran ayuda, es una herramienta y como tal de gran utilidad, pero usada debidamente y con los límites que corresponden.
Todo es cuestión de límites si vivimos pendientes del celular, si vivimos pendientes del Facebook, de Instagram u otras funciones de la telefonía móvil, entonces significa que hemos perdido el señorío sobre la tecnología, hemos pasado a ser dependientes de ella. En épocas anteriores los mencionábamos como “autómatas”, es decir, una especie de robots incapaces de pensar por sí mismo, pero capaces de llevar a la práctica lo que le ordenábamos.
Si miramos lo que nos está pasando hoy cuando en la calle ya resulta difícil encontrarse con alguien que no esté usando su celular a menos que lo tenga prohibido por su trabajo, deberíamos de pensar si no hemos llegado a una sociedad de autómatas.
Tampoco es cuestión de prohibir el uso de los celulares, sino de manejarlo con el debido criterio. De usarlo y no dejar que nos use. Hay familias que tratando de enfrentar este problema han prohibido el uso de celulares, durante los almuerzos o las reuniones familiares. Puede ser una solución provisoria, pero en realidad, la cuestión de fondo es que consciente o inconscientemente nos estamos dejando convertir en autómatas. Hemos perdido el señorío sobre la tecnología y en lugar de servirnos de ella, no estamos dejando que ella nos use.
Esto es lo inadmisible.
A.R.D.







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