Que se sepa distinguir la diferencia

Al momento de escribir esta columna de opinión, todavía está en pleno desarrollo el acto electoral. Obviamente que nadie ni nada podría indicarnos a ciencia cierta cuál será el resultado, quisimos hacerlo así por una mera razón de lograr la mayor aproximación posible a la objetividad.
Es que pretendemos hacer un llamado precisamente a quien resulte ganador en estas elecciones departamentales para evitar lo que consideramos un mal intrínseco de los gobiernos departamentales.
Es el hecho de que muchas veces éstos se consideran “dueños y señores” del gobierno, entendiendo que en adelante el poder estará por completo en sus manos, porque son algo así como “la clase dominante” o el “grupo elegido” para dirigir los destinos de nuestra comarca de ahora en adelante.
Lejos de esto deberían entender que el pueblo salteño les ha prestado el poder por cinco años tras los cuales deberán rendir cuenta nuevamente ante el pueblo. Pretender manejar la Intendencia o el municipio que corresponda como si fuera propio, es uno de los grandes defectos de nuestros políticos.
La soberbia es mala consejera. Creerse que el gobierno departamental es sólo un lugar para satisfacer intereses personales, un trabajo, un sueldo, etc. es mala cosa y tiene una vida corta, porque se juega con la ingenuidad o la credibilidad de la gente.
El individualismo de tratar de solucionar lo mío, sea como sea, así sea pisándole la cabeza a la madre, tarde o temprano termina por pagarse caro.
No es bueno para nadie y obviamente que a la hora de cumplir lo prometido, surgen los inconvenientes.
Ojalá el vencedor de estos comicios sepa manejarse con sobriedad y sobre todo con equidad.
Artigas lo dijo con mucha contundencia en el Reglamento de Tierras que data de 1815, o sea 200 años atrás “que los más infelices sean los más privilegiados”, pero esto no debe ser sólo un eslogan, que todo el mundo maneja y proclama golpeándose el pecho, debe ser un hecho llevado a la realidad y una política de acción permanentemente recordada.
Hacer un esfuerzo por la equidad, por la igualdad y sobre todo por la justicia social, para que no haya falsos privilegiados, debe ser un objetivo constante del mandato del pueblo.
Comenzar por sincerar el estado de la Intendencia local, por saber cuáles son los compromisos y cuáles los ingresos dinerarios es, a nuestro entender el punto de partida ineludible para saber qué cosas son factibles de esperar y qué cosas no se podrán hacer.
Si así fuera podemos esperar buenos beneficios para todos y ojalá lo sea.
En cambio si se entra con soberbia y se pretende conseguir beneficios arbitrariamente para quien directamente ha sido afín a su color o sus ideas entonces estaremos ante un gobierno para lamentar.
Lo decimos hoy cuando aún no sabemos quién es el ganador.
¡Que conste!