Que todo sea para bien

La frase que antecede sellaba siempre todo los escritos de nuestro amigo Ruben Pintos Albornoz, quien gustaba firmar “Geniol” y esta es la frase que hemos elegido para expresarnos hoy.
Que se imponga el respeto, la discusión de las ideas y la búsqueda de la verdad. Esto es lo que deseamos que sea el objetivo de las próximas elecciones nacionales.
El triunfo de los hombres probos, honestos y sinceros y en contrapartida el debido mecanismo de control y de fiscalización que corresponde en todos los casos.
Nadie debería de oponerse o rechazar, ni directa ni indirectamente estas premisas, porque es la única forma de que podamos sentir que gana el pueblo, la enorme mayoría de los uruguayos.
Anhelamos tener un gobierno justo, sensible y trabajando en beneficio de quienes más lo necesiten.
Anhelamos tener una conducción que trabaje por disminuir las diferencias, que no sea únicamente represor, sino básicamente sensible con los problemas sociales, llegando al fondo de las situaciones.
No queremos sistemas que indirectamente estén al servicio de minorías privilegiadas y no solo porque sería injusto socialmente, sino porque por este camino sabemos en que terminan.
Cuanto mayor sean las diferencias y mayor el número de los afectados, sabemos que también se incrementa la violencia, simplemente porque es otro elemento que se agrega a las causas de la delincuencia.
Si se cumplen estos objetivos, no nos importa ni el color, ni las banderías de quien gane, pero eso si, los objetivos que pregonamos no son negociables.
Hace casi 35 años que los uruguayos recuperamos la democracia, sin duda el mejor sistema del mundo y felizmente hasta el día de hoy la conservamos. Sólo quienes sufrimos la pérdida de los derechos y garantías individuales, quienes sufrimos la dictadura tanto en nuestras actividades laborales, o lo que es mucho peor, en lo físico, sabemos lo que ello representa.
Entendemos a quien no sufrió la dictadura, a quien o quienes nos ven hoy como “viejos llorones” anclados en el pasado, pero jamás compartiremos estas afirmaciones, por la sola razón de que como sucede con los órganos de nuestro ser, sólo se valora en toda su dimensión cuando se los ha perdido.
Antes de opinar con tanta firmeza, deberían de leer, sobre todo el testimonio de quienes fueron detenidos y torturados y no conocemos caso alguno de quien no haya por lo menos sufrido apremios en estas ocasiones.
También es necesario escuchar o leer el testimonio de familiares de quienes fueron asesinados. Mientras esto no suceda es falso que nos sintamos demócratas, muchos se dijeron demócratas, mientras torturaban y asesinaban.
Que el elegido sea honesto, transparente y sobre todo acérrimo defensor de la justicia es nuestra máxima aspiración.
Alberto Rodríguez Díaz.