Que triunfe el sentido común y la sensatez

Para hoy está prevista la concentración de productores, empresarios, industriales y gente que no está agremiada ni vinculada a ninguna institución, conocida como la gente “de a pie” que se ha autoconvocado para realizar una de las manifestaciones más importantes que se han registrado en el país para protestar contra un gobierno nacional. Tendrá lugar esta tarde en Durazno.
Ya hemos manifestado en estas páginas que a nuestro criterio es legítimo manifestar en una democracia y sólo por este hecho deberíamos de agradecer el poder hacerlo libremente, cuando sabemos que existen casos en nuestra propia América en que esto no es posible sin que termine con sangre derramada.
Hemos hecho votos para que ambas posiciones se avengan a dialogar, sin soberbia de ningún tipo, sin posiciones radicales e intempestivas que no conducen a nada.
En ambos casos entendemos que existen razones de fondo, argumentos válidos y lo que cabe es precisamente escuchar, atender y dentro de las posibilidades buscar soluciones para la situación que se plantea.
No estamos con esto tomando posición alguna. Tampoco queremos lavarnos las manos y buscar cobijo en posiciones tibias y cómodas que no significan compromiso alguno y buscan quedar bien con todos.
En este sentido hemos expresado, pensamos que con total claridad, que nuestro temor es que saltemos de la sartén para caer en las brasas. Sumarse a un movimiento para protestar por el costo de los servicios, de las tarifas, los altos impuestos y demás puede ser algo fácilmente atractivo porque en alguna medida afecta a toda la población.
Pero ¡cuidado! Que no todas las situaciones son iguales, aunque se quiera tapar todo con el mismo poncho.
Lo difícil es entender que un país necesariamente debe cobrar por los servicios que presta y además exigir el pago de impuestos, por la sencilla razón que no tiene otra forma de recaudar para ofrecer los servicios que está obligado a contraprestar al ciudadano y por los cuales los reclamos son permanentes.
Por lo tanto necesariamente debe prevalecer el sentido común. Un gobierno no debe “asfixiar” a nadie y mucho menos a los sectores de la producción.
Ahora bien, entender que Uruguay es un país pequeño, con posibilidades también pequeñas de recaudar sin exagerar y por lo tanto también son pocas las posibilidades de realizar grandes obras para el desarrollo porque no se financiarían salvo, que se asfixiara a la población con impuestos precisamente.
Esto requiere prudencia, sensatez y sentido común. Un país donde sea posible vivir razonablemente con lo que se produce y lo que se gana es a lo que debemos aspirar.
Alberto Rodríguez Díaz







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