Quien no conoce el pasado no entenderá el futuro

En estas mismas columnas nos hemos ocupado de dar nuestra opinión sobre el nuevo parlamento y más allá de las posiciones que cada quien adopte creemos importante dar a conocer nuestro concepto sobre el tema.
Entendemos que un representante popular debe ser antes que nada una persona capaz de razonar con honestidad intelectual, es decir de valorar lo que realmente hay detrás de cada tema y de tomar posición en base a esto.
Nos explicamos. El pasado domingo vimos publicada en la contratapa de EL PUEBLO, una interesantísima nota a alguien que nos ilustró sobre algunos temas desconocidos para los salteños, porque sencillamente han estado ocultos o disfrazados bajo el manto de acusaciones ideológicas o similares.
Lidio Néstor Bertolotto, un veterano salteño a quien Salto seguramente le debe un merecido reconocimiento, es una verdadera biblioteca, un archivo viviente de temas pocos conocidos en nuestra ciudad.
Bertolotto era por allá en el 70 un orgulloso horticultor que experimentaba con el primer invernáculo y recordamos los preciosos tomates que obtenía.
Pero lo más sabroso de su experiencia en el puerto de Salto, uno de los tantos lugares en que trabajó fue la confirmación de lo que ya sospechábamos. El río Uruguay, la más barata de las vías de transporte que venía desde el Planalto brasileño y traía las jangadas de madera, se terminó como tal por exigencia del FMI.
Es que el organismo crediticio internacional estaba presionado por las petroleras, que no sólo nos vendían el petróleo, sino también pusieron como condición que se favoreciera el transporte carretero, en el que tenían intereses, para seguir vendiéndonos petróleo.
Estas cuestiones desconocidas a nivel popular estaban en las denominadas “cartas intenciones”, firmadas por el FMI y los gobiernos de turno por entonces. No se daban a conocer al público, precisamente porque de lo contrario se revelaría la corrupción y la deshonestidad de quienes no dudaban en hipotecar los intereses del pueblo uruguayo con tal de obtener jugosas ganancias.
Esto explica la temprana muerte del puerto de Salto, cuyos empleados “famosos” por entonces eran conocidos porque cobraban, pero no trabajaban, camino que luego siguió al ferrocarril otro de los medios de transporte más económicos
Quien no conoce el pasado no puede entender el futuro. Allí está la explicación de tanto relegamiento, de tanta postración. Negarlo es hacerse cómplice de acciones deshonestas y vergonzantes que nunca debieron existir.
A.R.D.