Rascar hasta el hueso, pero sin que haya intereses agazapados

Cuando se maneja la posibilidad de llevar a la justicia penal presuntos casos de corrupción en la conducción de empresas públicas, hay que ser muy cuidadosos.
En primer lugar, digamos que consideramos la esencia mismo de la oposición controlar y fiscalizar a quienes conducen las empresas públicas y todo el Estado en general.
Ahora bien, debe hacerlo con la debida responsabilidad y con elementos contundentes, irrebatibles.
Quienes tenemos algunos años más no podemos olvidar que en este país se impulsó la denominada ley de empresas públicas (el 13 de setiembre de 1990, bajo el gobierno del Dr. Luis A. Lacalle), la que luego y en buenahora fue parcialmente modificada por un plebiscito que truncó aspectos esenciales de dicha ley y permitió que empresas como UTE, ANTEL y ANCAP, sigan siendo monopolio estatal.
No podemos olvidar que dentro del Partido Colorado los principales impulsores fueron el Dr. Jorge Batlle y sus ministros en el gabinete de Lacalle, Dr. Julio María Sanguinetti y Jorge Pacheco Areco.
En el Partido Nacional, en primera instancia la ley fue resistida por los senadores Carlos Julio Pereyra y Alberto Zumarán, que posteriormente terminaron votándola.
Vale decir, desprestigiar a las empresas públicas siempre tiene un costo que puede llegar muy profundo y siempre habrá quienes pretendan sacar provecho de ello, aún a costa del sacrificio del patrimonio nacional.
Somos acérrimos defensores de la transparencia en el manejo de los dineros públicos y por lo tanto entendemos que todo aquello que “huela” a corrupción debe llegar a la justicia y entendemos que esto debió hacerse siempre, en todos los casos y en todas las situaciones, cosa que no se ha hecho y que ha dado lugar a la formación de grandes riquezas en forma muy dudosa.
Eso sí, que esto no se preste para que alguien agazapado lo aproveche en su favor, obteniendo rédito político de ello.
Si alguien o algo debe beneficiarse con este “blanqueo” de cosas debería ser todo el sistema político en sí, desde quienes se sacuden los malos políticos a quienes los ponen en evidencia y los condenan.
Esta es la situación. El sistema político debería de mirarse al espejo, todo, para saber si está realmente transitando por el camino correcto o si alguna manera está cobijando situaciones engorrosas.
No sirve hacerse hoy el inmaculado, cuando los antecedentes no son buenos precisamente.
Si realmente queremos evitar la manipulación, la corruptela, prima hermana de la corrupción económica tan difundida hoy en todas partes, formemos una comisión con poca gente, pero personas probas y de reconocido prestigio, para estar seguros que siempre estará vigilante.
Alberto Rodríguez Díaz