Realmente un disparate

La secretaria general del Partido Colorado Martha Montaner durante la reciente Convención del partido Colorado  dijo que el actual clima político le recordaba al de los meses previos al golpe de Estado de 1973. Además expresó que el presidente Mujica “debería haber aprendido de lo que pasó hace cuarenta años”.“Otro de los que habló fue el ex ministro de Ganadería Martín Aguirrezabala, quien indicó: “tengo miedo por mi vida. Pero sé que si hay que ponerla, la voy a poner”.
Con todo respeto al partido, son estas opiniones totalmente disparatadas que no admiten el menor análisis.
Decir que la situación que vive el Uruguay hoy se parece en algo así sea “ínfimo” a aquella que padecimos cuarenta años atrás nos parece de una insensatez impropia de líderes políticos de determinado “peso” en la opinión pública.
En primer lugar, porque para analizar la situación de 1973 hay que profundizar en muchos aspectos, que van más allá delas consecuencias, de lo que se veían en la superficialidad y allí encontraremos responsabilidades “invisibles”, en las que muchos líderes de los partidos políticos, aparecen involucrados.
Hacer esta afirmación como si “la culpa hubiera sido enteramente de los otros, es una falacia total”.
En aquella situación hubo errores y “horrores”, culpas, omisiones y delitos flagrantes y que nadie dude que son pocos los que podrían ponerse más allá de las culpabilidades.
Pero si esta afirmación es errónea y exagerada, que decir de lo que más nos parece una bravuconada totalmente fuera de lugar, que una afirmación de un dirigente, como la del ex Ministro de Ganadería, sosteniendo que “si hay que ponerla (a su vida), la voy a poner”.
O vivimos en un país diferente o sencillamente estos radicales están totalmente “fuera de canal”.
Obviamente que nos gusta la situación planteada, por ejemplo entre la Suprema Corte de Justicia, máximo órgano del Poder Judicial y el Poder Ejecutivo, pero llevar esta confrontación al extremo de ver una situación similar a la que desembocó en el golpe militar de 1973, es a todas luces un absurdo total.
Alberto Rodríguez Díaz

La secretaria general del Partido Colorado Martha Montaner durante la reciente Convención del partido Colorado  dijo que el actual clima político le recordaba al de los meses previos al golpe de Estado de 1973. Además expresó que el presidente Mujica “debería haber aprendido de lo que pasó hace cuarenta años”.“Otro de los que habló fue el ex ministro de Ganadería Martín Aguirrezabala, quien indicó: “tengo miedo por mi vida. Pero sé que si hay que ponerla, la voy a poner”.

Con todo respeto al partido, son estas opiniones totalmente disparatadas que no admiten el menor análisis.

Decir que la situación que vive el Uruguay hoy se parece en algo así sea “ínfimo” a aquella que padecimos cuarenta años atrás nos parece de una insensatez impropia de líderes políticos de determinado “peso” en la opinión pública.

En primer lugar, porque para analizar la situación de 1973 hay que profundizar en muchos aspectos, que van más allá delas consecuencias, de lo que se veían en la superficialidad y allí encontraremos responsabilidades “invisibles”, en las que muchos líderes de los partidos políticos, aparecen involucrados.

Hacer esta afirmación como si “la culpa hubiera sido enteramente de los otros, es una falacia total”.

En aquella situación hubo errores y “horrores”, culpas, omisiones y delitos flagrantes y que nadie dude que son pocos los que podrían ponerse más allá de las culpabilidades.

Pero si esta afirmación es errónea y exagerada, que decir de lo que más nos parece una bravuconada totalmente fuera de lugar, que una afirmación de un dirigente, como la del ex Ministro de Ganadería, sosteniendo que “si hay que ponerla (a su vida), la voy a poner”.

O vivimos en un país diferente o sencillamente estos radicales están totalmente “fuera de canal”.

Obviamente que nos gusta la situación planteada, por ejemplo entre la Suprema Corte de Justicia, máximo órgano del Poder Judicial y el Poder Ejecutivo, pero llevar esta confrontación al extremo de ver una situación similar a la que desembocó en el golpe militar de 1973, es a todas luces un absurdo total.

Alberto Rodríguez Díaz