Reciclar y comenzar a tomar conciencia

Una de las muestras más evidentes de que vivimos una época de derroche y de despreocupación con respecto a las condiciones del planeta que es nuestra casa, lo da la cantidad y el mal manejo o la desidia que demostramos a la hora de manejar los residuos domiciliarios.
Ni que hablar de la inconsciencia que demostramos frente al manejo de los residuos industriales y lo que deja la producción en diversas etapas.
Vivimos días en que predomina el “use y tire”. Los mecánicos reparadores, los zapateros remenderos, incluso la ropa a la que le buscábamos una solución “decente” para continuar usándola ha quedado en el recuerdo de la personas mayores.
Hoy todo se usa y se tira, incluso las sociedades más “desarrolladas”, suelen dejar lo ya usado o lo que se ha cambiado en la vereda para que otros se lo lleven, cuando no se lo tira lisa y llanamente en un basurero.
Bajo el lema de Reciclame el pasado 17 de mayo se celebró el Día Mundial del Reciclaje, con el objetivo de concienciar a la sociedad acerca de la importancia que tiene tratar los desechos como corresponde, para no contribuir al cambio climático, y así proteger el medio ambiente.
Reciclar significa volver a utilizar, recuperar, rescatando, volviendo a obtener al menos parte de la materia prima. Pero si bien es importante volver a usar, por el menor costo que puede significar en muchos casos, más importante aún es evitar el daño que la industrialización de los productos produce en el planeta y obviamente que cuanto mayor sea la demanda más grande será el daño.
La fijación de un día al año para tomar conciencia de la necesidad de prestar más importancia a este aspecto es esencial en nuestros días en que la subsistencia del planeta está amenazada de diversas maneras, porque el recalentamiento global es sólo un aspecto de los tantos y tan nocivos que estamos fomentando con nuestro desorden diario.
La sociedad derrochona e inconsciente que integramos debería de darnos vergüenza. Cuando pretendemos educar, cuidar y proteger a nuestros descendientes, llámense hijos, nietos o bisnietos, en realidad sólo estamos pronunciando deseos, porque con nuestras acciones diarias demostramos todo lo contrario.
No nos importa si el planeta subsiste o no. Felizmente no todos los habitantes del planeta tenemos la misma conducta y no todos los países toleran “alegremente” esta conducta vergonsoza de los pobladores, pero deberían de ser menos, muchos menos los desordenados, si es que pretendemos cuidar nuestra casa.
Aprendamos a reciclar. Volvamos a reparar todo lo que es reparable, como forma de demostrar autentica preocupación por la subsistencia del planeta y de las generaciones futuras que nos sucederán.