Recuperar la cultura del trabajo

Uno de los propósitos esenciales difundidos por el flamante Ministro de Trabajo y Seguridad Social, Ernesto Murro, es el de fomentar una cultura del trabajo, desde la escuela mismo.
Hoy han cambiado las cosas y aquellas situaciones que antiguamente eran las mas frecuentes, de las personas que trabajaban toda una vida en una misma empresa, hoy es casi que utópico y responde a varios aspectos, pero la esencia de la cuestión es que los propios cambios tecnológicos obligan a las personas a actualizarse, a “aggionarse” esto es a estar al día con las exigencias del mercado de trabajo para responder al mismo con eficiencia.
Por sencillo que parezca, hacer esto correctamente, amalgamando el conocimiento, la sapiensa, la intuición y la experiencia no es una tarea fácil precisamente.
Hacerlo únicamente desde el conocimiento, sin la humildad necesaria para reconocer y valorar el valor de la experiencia, conlleva un alto riesgo de fracaso.
El mismo riesgo que supone hacerlo únicamente desde la intuición, desconociendo el valor de la academia, del conocimiento en algunos casos científico que hoy es sustancial en cualquier labor.
Sin duda que la fórmula revelada por Murro para intentar fomentar esta cultura del trabajo es acertada. Se trata de trabajar en la calidad del trabajo y del trabajador, preparar la mano de obra como herramienta esencial para mejorar el trabajo y por consiguiente el producto final que es el que determina  los aspectos restantes.
Pero como todo cambio cultural no se puede pensar en el plano inmediato, sino que es probable que la obtención de los primeros cambios recién se tengan a mediano y largo plazo.
Pero mientras tanto, la cuestión está en recuperar los valores que cimentaron lo que hoy tenemos. Es decir cultivar pacientemente el aprendizaje, asumir la necesidad de la especialización, saber esperar las oportunidades para ir ganando en conocimiento, todo lo que se ha perdido en nustros días.
Lo habitual hoy es ingresar a un trabajo y en dos o tres meses querer acceder a otro plano, en lo económico y en cuanto a categoría. La especialización y demás muchas veces son solo “detalles” para los nuevos trabajadores.
Por lo pronto, volver a la esencia es tener las cosas claras, saber lo que resulta importante en materia de cultura de trabajo y para esto es importante que todos los involucrados, trabajador, empresario y Estado, asuman su rol en la cuestión.

Uno de los propósitos esenciales difundidos por el flamante Ministro de Trabajo y Seguridad Social, Ernesto Murro, es el de fomentar una cultura del trabajo, desde la escuela mismo.

Hoy han cambiado las cosas y aquellas situaciones que antiguamente eran las mas frecuentes, de las personas que trabajaban toda una vida en una misma empresa, hoy es casi que utópico y responde a varios aspectos, pero la esencia de la cuestión es que los propios cambios tecnológicos obligan a las personas a actualizarse, a “aggionarse” esto es a estar al día con las exigencias del mercado de trabajo para responder al mismo con eficiencia.

Por sencillo que parezca, hacer esto correctamente, amalgamando el conocimiento, la sapiensa, la intuición y la experiencia no es una tarea fácil precisamente.

Hacerlo únicamente desde el conocimiento, sin la humildad necesaria para reconocer y valorar el valor de la experiencia, conlleva un alto riesgo de fracaso.

El mismo riesgo que supone hacerlo únicamente desde la intuición, desconociendo el valor de la academia, del conocimiento en algunos casos científico que hoy es sustancial en cualquier labor.

Sin duda que la fórmula revelada por Murro para intentar fomentar esta cultura del trabajo es acertada. Se trata de trabajar en la calidad del trabajo y del trabajador, preparar la mano de obra como herramienta esencial para mejorar el trabajo y por consiguiente el producto final que es el que determina  los aspectos restantes.

Pero como todo cambio cultural no se puede pensar en el plano inmediato, sino que es probable que la obtención de los primeros cambios recién se tengan a mediano y largo plazo.

Pero mientras tanto, la cuestión está en recuperar los valores que cimentaron lo que hoy tenemos. Es decir cultivar pacientemente el aprendizaje, asumir la necesidad de la especialización, saber esperar las oportunidades para ir ganando en conocimiento, todo lo que se ha perdido en nustros días.

Lo habitual hoy es ingresar a un trabajo y en dos o tres meses querer acceder a otro plano, en lo económico y en cuanto a categoría. La especialización y demás muchas veces son solo “detalles” para los nuevos trabajadores.

Por lo pronto, volver a la esencia es tener las cosas claras, saber lo que resulta importante en materia de cultura de trabajo y para esto es importante que todos los involucrados, trabajador, empresario y Estado, asuman su rol en la cuestión.