Recuperar la familia

Estamos seguros que si hiciéramos una compulsa entre grupos de jóvenes, consultándoles cuántos de ellos piensan formar una familia, tener hijos y planificar juntos un proyecto de vida, nos encontraríamos con que son los menos, las excepciones.

Es que resulta inocultable que hoy la conformación de una familia parece haber  quedado de lado, se considera poco atractiva y aún aquellos que tienen claro que es lo ideal, ya no se atreven a afirmarlo abiertamente.

La familia como célula básica de la sociedad es indudablemente la piedra angular de la comunidad que pretendemos.

Es en la familia donde el niño aprende hábitos, disciplina, solidaridad y se socializa.

A través de padre, madre y demás familiares es donde conoce el amor, se siente amado y aprende a amar.

Es en la familia donde se comienza a caminar en la vida por el sendero que marcan los padres.

Hoy la sociedad que integramos ha priorizado otros objetivos, esencialmente económicos y promovidos por una necesidad de consumo y confort que deja todo de lado para lograr estos objetivos.

La familia es el valor esencial de la comunidad y hoy ha sido dejado de lado al punto que no sólo se trata de las familias que se disgregan, sino también las que si bien existen y permanecen unidas, han “tercerizado” el cuidado de los niños, debido a que padre y madre trabajan o tienen otras actividades, cuando no quedan absolutamente a la deriva.

Estos niños van a la calle, se crían en ella, sin familia, sin padre ni madre y obviamente que las posibilidades de que se formen debidamente para constituirse en ciudadanos positivos en la comunidad son ínfimas.

Luego nos quejamos de sus andanzas, que son obviamente lamentables, pero en ningún momento nos detenemos a pensar si de alguna manera no estamos alentando esta “fábrica” de menores que no tienen una familia sana y debidamente constituida.

El tiempo de familia es escaso y muchas veces cuando los integrantes están juntos la televisión, Internet u otros pasatiempos, hacen que tampoco se disfrute de la familia.

Es probable que algún día nos demos cuenta de lo que hemos perdido. Es más  creemos que ya lo sabemos, pero sin la posibilidad de dar marcha atrás, ó echar el freno a tiempo y volver a valorar la familia como el punto de partida de todo, parecen demasiado lejanas las posibilidades de cambiar las cosas. Toda la sinergia de nuestros días apunta al confort, a obtener comodidad y placer, cueste lo que cueste.

Si no se varía el rumbo ¡pobre de nosotros!

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