Reparar la crueldad de una injusticia

La divulgación de las imágenes de niños y adolescentes presos en “jaulas” y separados de sus padres, en los Estados Unidos, ha sido un clamor demasiado grande y grave para que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien un mes atrás comenzó a poner en práctica la medida, pudiera ignorarla.
Es que tanto las Naciones Unidas, a través de organismos como la UNICEF, y muchos miles más hicieron oír su voz de condena a la situación.
La crueldad de la medida no dejaba espacio para otra cosa que no fuera su condena, salvo – claro está – que se compartiera sus objetivos.
No hay situación alguna que justifique la separación de los niños de sus padres, como lo ha puesto en práctica el régimen de Trump.
Pero no ignoramos que también hay otros países, incluso centroamericanos que tienen políticas similares e incluso alguna nación europea, como Italia mismo, que se niega a recibir a inmigrantes. Uruguay es un país conformado fundamentalmente por migrantes, gente que debió dejar su patria para buscar nuevos horizontes, recalando en América y en el caso específico en el Uruguay. Pero no sólo se trata de separar a los niños de sus padres, sino que a nuestro juicio es injusto acusarles de delitos graves, por el sólo hecho de tratar de buscar un mejor nivel de vida.
Este es el punto precisamente. A través de la publicidad y de muchas otras formas, el mundo desarrollado incentiva la búsqueda de este mejor nivel de vida, pero cuando se dejan muchos aspectos de lado para intentar acceder a ese mejor nivel de vida, se los condena abiertamente como si fueran feroces delincuentes.
Todo país tiene derecho a adoptar la política que considere más beneficiosa para sus habitantes a la hora de recibir emigrantes, siempre y cuando no sea la de cerrarle las puertas a muchas personas que de alguna manera han sido y son sus propios socios estratégicos.
Nos explicamos, si los países “en desarrollo” no fueran grandes consumidores de los productos industrializados que venden los países “desarrollados”, como los Estados Unidos y varios de los europeos, difícilmente estos países pudieran lograr el nivel de vida que ostentan.
Podemos llegar a admitir que se limite por tiempo determinado el ingreso de extranjeros a determinados países, pero esto no es argumento válido para demonizarlos, olvidar que se trata de personas y sobre todo desconocer que en alguna medida son estos países mismos quienes les han incentivado para lograr un mejor nivel de vida, nada menos que en la “meca” del consumismo.
Es de esperar que la medida anunciada, que dejaría sin efecto la separación de los niños de sus familias, se cumpla efectivamente y beneficie a todos los que se hallan en esta situación, no como ha trascendido que sólo regiría para quienes sufrirían la medida de ahora en delante.
Alberto Rodríguez Díaz







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