Repensar el camino

Seguramente uno de los principales problemas que tiene la educación, es que siempre que se lo analiza y critica se lo hace desde el punto de vista político. La oposición tomándolo como uno de sus “caballitos de batalla” para cuestionar al oficialismo y éste tratando de resaltar lo que se hace de bueno y desconociendo lo que se hace mal o no se hace.
En este intercambio de acusaciones, y de posiciones pre determinadas, el verdadero problema educativo pasa a un segundo plano, debido a que el tema se vuelve una contienda política.
Por estos días, mediante distintas estrategias, se ha replanteado el problema educativo, con menor o mayor honestidad y sinceridad para tratar de encauzar lo que innegablemente está fuera de cauce.
Innegables son los problemas que tiene la educación hoy, desde la escuela hasta la pre universitaria por lo menos. Así lo ha reconocido incluso el presidente de la República quien ha asumido que en uno de los rubros en que el gobierno ha fracasado, porque no ha podido obtener los logros que esperaba, es el educativo.
Pero lo peor que puede hacerse es precisamente politizar este tema, considerarlo como se lo ha hecho hasta hoy, en que un sector circunstancialmente mayoría del parlamento toma decisiones que desde la oposición y otras organizaciones se encargan de boicotear para asegurar su fracaso.
Así estamos. Las verdaderas víctimas de la situación son los estudiantes, porque son ellos los que sufren las consecuencias de una política errática, de una línea confusa, que incluso en alguna medida exige y en otra resulta demasiado tolerante.
Por estos días alguien “ha descubierto” que el punto de partida para obtener mejores resultados está en lograr un acuerdo multipartidario, programado con la participación de todos los partidos políticos, pero también de otros actores sustanciales, como los gremios de docentes y estudiantes. Luego es necesario garantizar el respeto a lo determinado por el programa.
Esto es, una política de Estado que permita trabajar al menos por algunos años con una base común, compartida por la mayoría de los actores en el tema y de quienes son responsables de las políticas, entre ellas educativas, que pone en práctica el país.
Mientras no dejemos de lado los intereses minúsculos, las posiciones partidarias, individuales, seguiremos asistiendo a una pirotecnia verbal sobre la educación, pero que está muy lejos de preocuparse realmente por el tema educativo.

Seguramente uno de los principales problemas que tiene la educación, es que siempre que se lo analiza y critica se lo hace desde el punto de vista político. La oposición tomándolo como uno de sus “caballitos de batalla” para cuestionar al oficialismo y éste tratando de resaltar lo que se hace de bueno y desconociendo lo que se hace mal o no se hace.

En este intercambio de acusaciones, y de posiciones pre determinadas, el verdadero problema educativo pasa a un segundo plano, debido a que el tema se vuelve una contienda política.

Por estos días, mediante distintas estrategias, se ha replanteado el problema educativo, con menor o mayor honestidad y sinceridad para tratar de encauzar lo que innegablemente está fuera de cauce.

Innegables son los problemas que tiene la educación hoy, desde la escuela hasta la pre universitaria por lo menos. Así lo ha reconocido incluso el presidente de la República quien ha asumido que en uno de los rubros en que el gobierno ha fracasado, porque no ha podido obtener los logros que esperaba, es el educativo.

Pero lo peor que puede hacerse es precisamente politizar este tema, considerarlo como se lo ha hecho hasta hoy, en que un sector circunstancialmente mayoría del parlamento toma decisiones que desde la oposición y otras organizaciones se encargan de boicotear para asegurar su fracaso.

Así estamos. Las verdaderas víctimas de la situación son los estudiantes, porque son ellos los que sufren las consecuencias de una política errática, de una línea confusa, que incluso en alguna medida exige y en otra resulta demasiado tolerante.

Por estos días alguien “ha descubierto” que el punto de partida para obtener mejores resultados está en lograr un acuerdo multipartidario, programado con la participación de todos los partidos políticos, pero también de otros actores sustanciales, como los gremios de docentes y estudiantes. Luego es necesario garantizar el respeto a lo determinado por el programa.

Esto es, una política de Estado que permita trabajar al menos por algunos años con una base común, compartida por la mayoría de los actores en el tema y de quienes son responsables de las políticas, entre ellas educativas, que pone en práctica el país.

Mientras no dejemos de lado los intereses minúsculos, las posiciones partidarias, individuales, seguiremos asistiendo a una pirotecnia verbal sobre la educación, pero que está muy lejos de preocuparse realmente por el tema educativo.







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