Reprimir no es todo

En ocasiones en que se analiza más allá de la superficialidad, el tema de la delincuencia y generalmente cuando suceden hechos aberrantes de la llamada “crónica roja”, hay voces que claman por represión, más represión y más dura.
Esta es la única salida. Cuando la dictadura no sucedía esto, escuchamos.
Es una mirada lamentable. En buena medida lo que hoy tenemos es fruto, de la propia política de mano dura, sin detenerse un ápice en los restantes elementos, que se aplicó y durante algún tiempo logró contener la explosión de rencor que generan las diferencias sociales, en especial en cuanto a situación económica.
En estas columnas hemos destacado la necesidad de una represión adecuada, de poner en práctica las leyes con firmeza y de una labor policíaca correcta y eficiente.
Pero no nos equivocamos. Sabemos que esto no alcanza ni es la solución definitiva. Es el agua que sofoca el incendió, pero si no eliminamos los elementos de alta combustión que nos rodean, pasará poco tiempo, en tener la misma situación inicial.
Hay elementos sociales en la base de esta situación, que no se pueden desconocer y que inevitablemente deben ser encarados, si pretendemos detener la situación que vivimos.
Esto está pasando a nuestro lado, nos muestra que una buena  cuota de esta situación nos comprende.
Nosotros los empujamos.
Nosotros le estamos diciendo que todo es descartable, el amor, el mundo, la pareja…la vida…
Hoy la vida se compra, se vende y hasta se autodestruye¸ si se nos antoja.
Es una mercancía más.
Sólo vale tener, tener dinero, tener fama, tener poder, tener, tener.., tener, cuanto más mejor y ahora, ¡ya!. El mañana no importa.
Todo ahora y de cualquier forma. Es lo que se nos inculca hoy de muchas maneras, pero sobre todo mediante un sistema socioeconómico que se centra en el dinero, los bienes y no en las personas.
El fin justifica los medios.
El fin es el placer personal circunstancial, momentáneo, no importa…, dinero, sexo, poder…
Es lo que destruye la familia, lo que deja permanentemente a los niños abandonados a su suerte, es también lo que les obligó a emplear la violencia de cualquier tipo para subsistir.
Desde niño se sienten abandonados. Sienten que a nadie le importa su suerte y por eso se abandonó a lo que salga. Bajó los brazos, decepcionado, escéptico.
El mundo que le aguarda no parece tener lugar para él, a menos que logre reunir los bienes (poco importa cómo) o la posición, el poder y la fama, que requiere la “sociedad” de nuestros días para considerar a alguien como “exitoso”.
Que no le pidan respeto a los derechos ajenos, quienes no respetaron los suyos…
Los medios para lograrlo, pueden ser cualquiera. Ya sea vender lo que haya en la casa paterna, o robar, quitárselos a otros o incluso matar.
Lo único que vale es la obtención de placer.
Así vamos.
¿Seguiremos hundiéndonos sin asumir que somos parte del problema?.