Respiramos el mismo aire, pero ¿hasta cuando será respirable?

Seguimos con el Coronavirus, aunque no por esto pretendemos aportar a la alarma social instalada en nuestros días.
En este caso lo que pretendemos hacer es analizar, no sólo de donde proviene, como se ha instalado sino también en qué medida puede aparecer otros virus tan o más temibles que éste.
Hace mucho tiempo que hemos sostenido desde estas columnas que los grandes intereses, estimulados o cobijados por gobiernos insensibles o corruptos, siguen destruyendo la naturaleza y el planeta todo sin que las poblaciones o los pobladores comunes lo noten o les importe mayormente.
Y esto se paga. Desde varias décadas a esta parte hemos notado un crecimiento en el número de científicos que advierte sobre la destrucción de la naturaleza y nosotros escuchamos como quien oye llover, para decirlo con palabras de nuestros mayores. Es que parece que habláramos de un mundo virtual, de algo que no es real, que “no nos toca” y ese es el peor error que hemos cometido.
Llegará el momento en que la naturaleza nos pasará factura, ya sea con un “coronavirus” o con cualquier otro, pero no nos escaparemos.
Uruguay tiene uno de los más alto índices de obesidad de América Latina, sin embargo seguimos ingiriendo aquellos alimentos que recomiendan descartar por ser ultraprocesados o contener elementos altamente nocivos, como sal, azúcar y demás.
Hoy estamos alarmados, por el “coronavirus”. Nos recomiendan tomar medidas (desde no compartir el mate hasta no besar a nadie) lo que supone cambios culturales que obviamente no se logran en corto tiempo.
Lo que no vemos es que se diga con claridad que hay muchas medidas que se recomiendan, pero no se adoptan. Bastaría con recorrer la ciudad para ver cual es la realidad. No es precisamente la mejor y sin bien nada tiene que ver con el coronavirus, habla de una población que no creemos capaz de adoptar todas las medidas de precaución a tiempo y en forma.
En este barco vamos todos. Intendencia y población en general. Habitantes de los barrios más modestos y de las mansiones más ostentosas. Todos conformamos el mismo ambiente, respiramos el mismo aire y tomamos en buena medida agua de los mismos lugares.
Mientras no asumamos la responsabilidad de preservar estos recursos naturales, lo mejor posible, sobre todo para las generaciones que nos sucederán seremos presa fácil para los desarreglos causados por nuestra propia irresponsabilidad.
A.R.D.