Romper el silencio cómplice ante el abuso sexual

Cada hora de cada día 228 niños y principalmente niñas son explotados sexualmente en América Latina y el Caribe. En el Día Mundial contra el Abuso Infantil tenemos que elevar la voz ante este flagelo social. Esta fecha nos recuerda la impostergable necesidad de garantizar el derecho de niñas, niños y adolescentes a gozar plenamente de sus derechos en un ámbito de protección. Es tiempo de reconocer la magnitud de este problema y actuar en consecuencia.
La información recopilada de distintos países de la región de América Latina y el Caribe muestra que entre el 70% y el 80% de las víctimas de abuso sexual son niñas, que en la mitad de los casos los agresores viven con las víctimas y en tres cuartas partes son familiares directos.
Cuando el abusador tiene las llaves de casa, la sociedad no puede permanecer indiferente.
Cuando hablamos de abuso también tenemos que hablar del hombre que lo causa. El
machismo sumado a la violencia de género, son a menudo antecedentes de la violencia contra los niños. Se necesita un movimiento de hombres que repudien esta mal llamada masculinidad y se conviertan en un factor de protección. Las niñas no son juguetes sexuales de los adultos.
Las familias constituyen el primer entorno de defensa contra el abuso, para ello es necesario otorgarles las herramientas necesarias para proteger a sus hijos. Son muchas las madres que aún ante la certeza de un abuso perpetrado por sus propios maridos, deciden callar ante la imposibilidad de sostener el hogar en caso de denunciarlo.
La ayuda financiera para las víctimas debe establecerse como prioridad para los países que quieren trabajar seriamente para erradicar esta problemática. Solo así podremos garantizar la justicia efectiva en casos de abuso.
Un niño explotado es el último eslabón de una serie previa de violaciones a sus derechos que no han sido garantizados. La violencia, la negligencia, y abuso conducen a la explotación sexual infantil.
Extractado del trabajo “Ante el abuso sexual infantil, la indiferencia es aceptación”, elaborado por Nils Kastberg (Director Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe).
Uruguay no escapa a esta realidad, donde entre los factores más preocupantes, se cuenta el de la “invisibilidad” del problema, debido a que muchas veces la sociedad prefiere ignorarlo o restarle importancia, por un falso concepto de masculinidad. Es un concepto cultural lamentable que urge revertir si queremos que nuestros niños se sientan cuidados y protegidos como corresponde.

Cada hora de cada día 228 niños y principalmente niñas son explotados sexualmente en América Latina y el Caribe. En el Día Mundial contra el Abuso Infantil tenemos que elevar la voz ante este flagelo social. Esta fecha nos recuerda la impostergable necesidad de garantizar el derecho de niñas, niños y adolescentes a gozar plenamente de sus derechos en un ámbito de protección. Es tiempo de reconocer la magnitud de este problema y actuar en consecuencia.

La información recopilada de distintos países de la región de América Latina y el Caribe muestra que entre el 70% y el 80% de las víctimas de abuso sexual son niñas, que en la mitad de los casos los agresores viven con las víctimas y en tres cuartas partes son familiares directos.

Cuando el abusador tiene las llaves de casa, la sociedad no puede permanecer indiferente.

Cuando hablamos de abuso también tenemos que hablar del hombre que lo causa. El

machismo sumado a la violencia de género, son a menudo antecedentes de la violencia contra los niños. Se necesita un movimiento de hombres que repudien esta mal llamada masculinidad y se conviertan en un factor de protección. Las niñas no son juguetes sexuales de los adultos.

Las familias constituyen el primer entorno de defensa contra el abuso, para ello es necesario otorgarles las herramientas necesarias para proteger a sus hijos. Son muchas las madres que aún ante la certeza de un abuso perpetrado por sus propios maridos, deciden callar ante la imposibilidad de sostener el hogar en caso de denunciarlo.

La ayuda financiera para las víctimas debe establecerse como prioridad para los países que quieren trabajar seriamente para erradicar esta problemática. Solo así podremos garantizar la justicia efectiva en casos de abuso.

Un niño explotado es el último eslabón de una serie previa de violaciones a sus derechos que no han sido garantizados. La violencia, la negligencia, y abuso conducen a la explotación sexual infantil.

Extractado del trabajo “Ante el abuso sexual infantil, la indiferencia es aceptación”, elaborado por Nils Kastberg (Director Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe).

Uruguay no escapa a esta realidad, donde entre los factores más preocupantes, se cuenta el de la “invisibilidad” del problema, debido a que muchas veces la sociedad prefiere ignorarlo o restarle importancia, por un falso concepto de masculinidad. Es un concepto cultural lamentable que urge revertir si queremos que nuestros niños se sientan cuidados y protegidos como corresponde.







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