Salto y los controles del tránsito

Cuando allá por 1987 se comenzó a considerar el tema del uso obligatorio del casco protector por parte de los motonetistas, Salto fue uno de los centros de mayor discusión de todo el país.
Hubo tanta gente a favor del uso del casco, como en contra. Es más, aunque no se lo dijera lo que sucedía es que la obligatoriedad del uso del casco es una medida antipopular, antipática y por lo tanto genera muchísimas protestas. Sensibles a estas protestas y temerosos de que se tradujera en votos en contra, en un departamento donde los cambios de gobierno han sido frecuentes, la Junta Departamental le dio dilación al asunto, al punto tal que sólo se logró imponer la obligatoriedad del uso del casco cuando se aprobó la Ley Nacional de Tránsito, que entre otras cosas establece este uso obligatorio.
De todas formas, la situación de Uruguay con respecto a las muertes y las secuelas graves que dejan los hoy denominados “siniestros” de tránsito no ha variado mucho.
Salto sigue teniendo un promedio de dos o más muertes por mes por esta causa y el país pierde tres personas cada dos días por lo mismo.
Salto quedó relegado en el cumplimiento de las disposiciones de esta ley en cuanto a que salvo el casco, cuyo cumplimiento al menos en la zona céntrica de la ciudad –no en los barrios – las demás disposiciones, el chaleco o las cintas reflectivas, el botiquín para los automovilistas y algunos complementos cuya obligatoriedad resulta excesiva como la de contar con los dos espejos para las motos, no se han exigido.
Lo más importante de todo esto es que se entienda que el tema pasa por la conciencia de cada uno. Mientras las motos y algunos automóviles circulen a la velocidad que lo hacen, seguramente será muy difícil bajar las cifras de los siniestros.
Mientras los conductores de motos no asuman el riesgo de hacerlo en vehículos destartalados, sin luces, con pocos frenos o lisa y llanamente sin ellos, entonces no habrá medidas ni ley alguna que pueda mejorar las cosas.
Mientras las imprudencias estén a la orden del día, acelerando con la luz amarilla de los semáforos en lugar de detenerse no habrá salida.
La ley y el orden que proviene de la autoridad, llámese Policía de tránsito o Intendencia a través de inspectores respectivos, son parte muy importante de este tema, pero lo sustancial depende de nosotros mismos.
La educación vial seguramente aportará, pero el hecho que conozcamos las reglas, no quiere decir que las cumplamos y por lo tanto, si no se fiscalizan y sancionan como corresponde las infracciones, no habrá mejoría alguna en la cuestión.







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