Se les fue la mano

De ser reales las cifras que remitió un docente del grupo “Los docentes proponemos” ayer a EL PUEBLO,  es evidente que a alguien se le ha ido  la mano en materia de salarios y es nada menos que al Parlamento Nacional, que en alguna medida debería de dar el ejemplo en la materia.
En nota remitida a EL PUEBLO, este docente detalla el sueldo de un senador de la República al año anterior (2012): 328.574 pesos, por concepto de los diferentes rubros que se les abona. Solo para la adquisición de “prensa”, diarios, revistas etc. Se abona a un legislador 15.270, casi lo mismo que el sueldo de un maestro.
Pero va más allá de eso, afirma que desde el año 2008 a la fecha los legisladores han tenido un aumento del 75 por ciento (141.000 pesos de aumento), mientras que los docentes que en el 2008 estaban llegando a los 10 mil pesos, han logrado un 22,9 por ciento de aumento.
Quien fija los sueldos de los legisladores y la forma de incremento de los mismos. Los propios legisladores, nada más que para la siguiente legislatura. Esto es lo que hoy están en funciones, fijan los sueldos de los que asumirán en el 2015.
Es evidente que existen dos países, uno “clase A”  con sueldos que llegan a los 16 mil dólares al mes, cifra que difícilmente llegue a ganar un docente sobre todo recién recibido, en el año y otro “clase B” con sueldos mínimos o  muy similares.
Aquellos constituyen una minoría súper privilegiada, éstos, una mayoría súper sumergida.
Esta inequidad explica lo que muchas veces nos es difícil de entender y francamente imposible de aceptar. No se puede hablar de equidad, ni mucho menos de deseo de un Estado más eficiente, con menos desigualdades, si se siguen dando estas situaciones.
Nos gustaría saber qué aporte hacen los legisladores de la mayoría y quienes lo hacen, porque supuestamente deberían cumplir con una retribución máxima, muy lejos de lo que figura en sus recibos y destinar lo demás a las finanzas del Partido que integran.
El remitente de la carta, propone límites que entiende racionales a las remuneraciones en el Estado, elevando el mínimo  a 27  mil pesos (media canasta básica) y el máximo a dos canastas, esto es 108 mil pesos, por todo concepto.
Mientras quienes aprueban o no los sueldos del Estado, sigan considerando que los propios son “excepción”, seguramente no cabe aguardar más que conflictos y más conflictos y en lo personal, entendemos perfectamente sus causas.
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Alberto Rodríguez Díaz.

De ser reales las cifras que remitió un docente del grupo “Los docentes proponemos” ayer a EL PUEBLO,  es evidente que a alguien se le ha ido  la mano en materia de salarios y es nada menos que al Parlamento Nacional, que en alguna medida debería de dar el ejemplo en la materia.

En nota remitida a EL PUEBLO, este docente detalla el sueldo de un senador de la República al año anterior (2012): 328.574 pesos, por concepto de los diferentes rubros que se les abona. Solo para la adquisición de “prensa”, diarios, revistas etc. Se abona a un legislador 15.270, casi lo mismo que el sueldo de un maestro.

Pero va más allá de eso, afirma que desde el año 2008 a la fecha los legisladores han tenido un aumento del 75 por ciento (141.000 pesos de aumento), mientras que los docentes que en el 2008 estaban llegando a los 10 mil pesos, han logrado un 22,9 por ciento de aumento.

Quien fija los sueldos de los legisladores y la forma de incremento de los mismos. Los propios legisladores, nada más que para la siguiente legislatura. Esto es lo que hoy están en funciones, fijan los sueldos de los que asumirán en el 2015.

Es evidente que existen dos países, uno “clase A”  con sueldos que llegan a los 16 mil dólares al mes, cifra que difícilmente llegue a ganar un docente sobre todo recién recibido, en el año y otro “clase B” con sueldos mínimos o  muy similares.

Aquellos constituyen una minoría súper privilegiada, éstos, una mayoría súper sumergida.

Esta inequidad explica lo que muchas veces nos es difícil de entender y francamente imposible de aceptar. No se puede hablar de equidad, ni mucho menos de deseo de un Estado más eficiente, con menos desigualdades, si se siguen dando estas situaciones.

Nos gustaría saber qué aporte hacen los legisladores de la mayoría y quienes lo hacen, porque supuestamente deberían cumplir con una retribución máxima, muy lejos de lo que figura en sus recibos y destinar lo demás a las finanzas del Partido que integran.

El remitente de la carta, propone límites que entiende racionales a las remuneraciones en el Estado, elevando el mínimo  a 27  mil pesos (media canasta básica) y el máximo a dos canastas, esto es 108 mil pesos, por todo concepto.

Mientras quienes aprueban o no los sueldos del Estado, sigan considerando que los propios son “excepción”, seguramente no cabe aguardar más que conflictos y más conflictos y en lo personal, entendemos perfectamente sus causas.

Alberto Rodríguez Díaz.







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