Seguridad y militarismo

Desde luego que el tema de inseguridad es hoy el principal problema del país. No tenemos duda que si los comicios presidenciales fueron en estos días, la posición de los uruguayos frente al tema sería capaz de inclinar la balanza de la voluntad popular.
Tal es así que todas las encuestas que conocemos les dan mayoría a los uruguayos que aprueban la propuesta del senador Larrañaga para formar una policía militarizada que se haga cargo tanto del cuidado total de las cárceles, como de la represión del delito en el país.
Frente a este proyecto el país aparece dividido entre quienes golpeados por el delito personalmente o en su ambiente más cercano, están decididos a aprobarlo y quienes (como nosotros) entendemos que al menos como viene en la iniciativa del senador nacionalista no es recomendable hacerlo, porque alentará arbitrariedades.
La fuerza militar es el verdadero poder en todo país, incluido el nuestro y lo militares, quienes tienen las armas de fuego en su poder siguen teniendo en sus manos una herramienta capaz de decidir e imponerse apenas le abramos la puerta.
Quienes vivimos los 12 años de dictadura en el país. Quienes fuimos despojados de todos nuestros derechos, incluida la posibilidad de investigar en cada caso no podemos olvidar que es el poder militar el único que sabe donde están los cuerpos de la gente que torturó y mató y sin embargo nunca lo dijo ni parece dispuesto a hacerlo.
Es una deuda demasiado grande como para olvidarla o dejarla pasar por alto. Hoy sentimos que cada vez más se repite, “ya fue” no podemos vivir en el pasado. Es necesario cerrar ese capítulo para mirar hacia adelante.
Todas éstas son expresiones erróneas, equivocadas, porque nadie nos puede convencer de que se deje la Constitución de lado y que se suprima aquello que somos todos iguales ante la ley.
Entendemos que quienes cometieron crímenes todos, absolutamente todos, deben pagarlo. Deben enfrentar un juicio justo, pero enfrentarlo y responder ante la ley.
Si lo olvidamos porque “no hay información” o simplemente porque ha pasado mucho tiempo y los militares de hoy ya no son lo m ismo que antes, entonces seguramente las generaciones futuras deberán pasar por lo mismo.
Estamos de acuerdo en que la fuerza militar asuma más roles contra la delincuencia, pero estableciendo las responsabilidades y obligaciones por las que deberán responder y determinando los organismo encargados de hacer cumplir las disposiciones en cada caso.
No olvidemos que el poder “endulza” y una vez que concedemos atribuciones al militarismo, es harto difícil volver a quitárselas.
Al menos es lo que veo.
Alberto Rodríguez Díaz