Sensatez: materia escasa en nuestro país

Veinticinco accidentes fatales se han registrado en lo que va del año en Salto.

Pero el hecho es que la enorme mayoría de estos «accidentes», según la visión de la Unidad Nacional no son accidentes precisamente, sino hechos en los cuales las imprudencias, falta de previsión o conducta deliberadamente infractora, han causado lo que llamas «siniestros».

De la misma forma, un pequeño grupo de obreros de la plantación de arándanos instalada en la zona de Quebracho Paysandú, llevan adelante un piquete a la salida de la planta de producción impidiendo la salida de los camiones, ha determinado la pérdida, según la empresa de 50 mil dólares hasta el momento por concepto de la fruta perdida.

No desconocemos que el argumento puede ser una manipulación por parte de la empresa para presionar a los obreros. Pero tampoco nadie ignora que el arándano es una fruta de tal fragilidad que necesariamente debe llegar al mercado consumidor pocas horas después de cosechada, porque a partir de allí comienza a perder valor comercial, al punto que hace inviable su producción.

En materia de educación, todos los demás sectores que tienen que ver con la conducción de la enseñanza en el país se han puesto de acuerdo en cuanto a los lineamientos básicos de los planes. En cambio el Consejo de Secundaria se mantiene en la posición contraria, con razón o sin ella, pero es el único sector disidente.

Algo parecido ha sucedido hasta el momento con la posibilidad de acordar las bases para la patente única en el país. Por estos días un tema que podría acercarse a la ansiada superación.

Similar también es el tema del conflicto que se mantiene entre empresarios y el sector de trabajadores, en referencia a las bases para la negociación colectiva y el alcance de los derechos de cada sector.

No podemos ser ingenuos en ignorar que en la mayoría de estos casos, si no en todos, hay una lucha de intereses muy fuerte a veces radicalizada por una trayectoria de muchos años atrás, pero en muchos casos el fanatismo ha enceguecido a los negociadores al punto de congelar las negociaciones.

Aún a riesgo de caer en la ingenuidad, creemos que el país entero debería de hacer un esfuerzo sincero y profundo por tratar de acordar, en todo aquello que se pueda, que muchas veces es bastante más de lo que nos separa y divide, porque el país está en condiciones de aprovechar las posibilidades de desarrollo y superación que se le abren hoy y no han sido muchos los momentos similares que ha tenido el país en el pasado.

Para esto, lo único que se necesita es que pongamos un poco más de sentido común, lamentablemente un valor no muy abundante precisamente en nuestros días.