Sepamos leer los hechos

La muerte de un joven mecánico en Piriápolis a manos de un policía no merece otro calificativo que crimen. Cuatro balazos por la espalda no dejan ni la más mínima duda. Además el autor –según la Justicia y el Sub Secretario del Ministerio del Interior que dio la cara en una conferencia de prensa – tuvo otro agravante muy importante, colocó un arma en el vehículo que manejaba la víctima tratando de inculparlo.

Felizmente los pormenores de este hecho se han podido aclarar pronto.

En pocas oportunidades hemos visto actuar tan rápido y con tanta claridad al Ministerio del Interior, cuando él o los involucrados son integrantes de sus propias fuerzas.

El asesinado es un joven mecánico, que en el peor de los casos habría tenido la osadía de andar “picando” en una camioneta en la zona y luego tratar de huir de la Policía, cuando se lo intentó detener.

No estaba armado, no hubo agresión, no puso en peligro la vida ni de los policías actuantes en el operativo, ni de terceras personas.

Por lo tanto, de ninguna manera – como lo explicó el Sub Secretario Jorge Vázquez – estas infracciones justificaban que se lo hubiese perseguido y mucho menos baleado desde atrás, como se lo hizo.

Felizmente estos hechos desmedidos hoy no son habituales en nuestra policía.

Hace bien el Ministerio en aclarar que se ha estado trabajando intensamente en la preparación y profesionalización de la policía, para evitar precisamente este tipo de desbordes y reacciones, fuera de toda disposición  de todo alcance de las normas.

Para eso debe de desterrarse el falso concepto de “compañerismo” que existe hoy día a nivel policial. Los tres compañeros que integraban la patrulla junto a quien cometió el asesinato, bien sabían como habían sido los hechos, sin embargo desde un principio intentaron “disfrazarlos” o tergiversarlos.

Esto determinó que el magistrado actuante también les haya procesado nada menos que por “complicidad” en el homicidio.

Esto es lo que debemos tener muy claro, los policías que “cobijaron”, el crimen tienen un mal concepto del “compañerismo”, lamentablemente hasta hoy muy difundido entre ellos. Debieron hacer lo imposible por impedir primero la acción de su compañero de armas y si éste no asumía, debieron ser los primeros en denunciar los hechos, tal cual fueron.

Sólo obrando con transparencia se logrará tener una policía respetada y respetable.