Si no nos involucramos todos, no habrá salida posible

Cuando nos “manijeamos” en base a un aspecto que tiene que ver con la problemática general, sin saber mirar más allá de lo que se ve a simple vista, entonces corremos el riesgo de errarle como a las peras.
Y nos estamos refiriendo a la temática de la inseguridad, seguramente un tema que nos preocupa a todos, pero que difícilmente seamos capaces de analizar a fondo, de ver el tema en toda su dimensión, de saber distinguir las excepciones de la generalidad y entonces, seguramente las acciones serán equivocadas, los reclamos en dirección incorrecta y el análisis por lo menos parcial.
Es lo que vemos que ha sucedido y sucede con el tema de la inseguridad. Es un tema que sin dudas nos involucra a todos y lo peor que podemos hacer es desentendernos de él. Mirar para otro lado y creer que “no es tema mío”.
Esto es precisamente lo que ha pasado y sigue pasando. Cuando miramos para otro lado les estamos dejando campo libre a los delincuentes.
Hoy el Uruguay tiene una problemática delictiva que cada vez se asemeja más a la de los lugares más peligrosos en este sentido. Hoy que haya familias desplazadas de sus hogares porque son echados por los delincuentes que dominan esos barrios no es admisible bajo ningún concepto.
Seguramente que hay responsabilidad de varios actores en este sentido. Seguro que para haber llegado a eso ha debido pasar por la complicidad o al menos la inanición de muchos responsables (¿?) que han preferido mirar para otro lado, en lugar de ocupar su rol y no los culpamos, porque si están sólos, sin son desatendidos o se sienten huérfanos de apoyo, nadie está obligado a hacerlo.
Hay a lo largo y ancho del país muchas bocas de venta de droga. Todos las conocemos, todos sabemos donde están y quienes son sus “responsables”, pero siempre “faltan pruebas” para la justicia, o falta alguna otra cosa. Mientras tanto se siguen registrando robos, “ajustes de cuentas” y hasta muertes relacionadas a estas bocas y nadie parece capaz de enfrentarlas.
Así están las cosas. Si algo es claro y concreto es que no podemos esperar que los demás asuman todo el riesgo, llámense policías, jueces, fiscales o sencillamente ciudadanos.
De esto salimos todos o no se escapa nadie, porque tarde o temprano nos llegará a todos y no estamos pidiendo “gatillo fácil” ni mucho menos. Estamos diciendo que de esto se sale juntos o no se sale y yo no quiero vivir en un país, donde los delincuentes, los corruptos o los mafiosos, sean los que imponen sus “leyes”.
Alberto Rodríguez Díaz







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