Siempre a favor del pueblo

No queremos un gobierno autoritario con el pueblo y servil con los poderosos intereses internacionales. Esto lamentablemente es lo que notamos a nivel regional. ¡Ojalá nos equivoquemos!, pero mucho nos tememos que en el futuro veamos gobiernos muy cercanos a lo que sostenemos.
Los reclamos y las manifestaciones de los movimientos sociales, muchos de ellos defendiendo intereses legítimos, no mueven un pelo en la posición de estos gobiernos y en cambio los grandes intereses que generalmente tienen consecuencias nefastas para los más vulnerables, terminan siendo cobijados bajo el silencio o la inanición de quienes tienen el poder y las posibilidades de detenerlos.
En este mundo globalizado, Brasil es un exponente como pocos. Sólo en la cuenca del Río Uruguay ha encaminado obras que modificaron de tal forma la naturaleza que han llevado a la ruina a comunidades indígenas enteras, mientras que las grandes compañías se han llevado las mayores tajadas de estas obras.
El famoso salto del Moconá (únicas cascadas en el mundo porque se trata de un salto de agua longitudinal, es decir casi paralelo a la costa del rio), ya no existen como atractivo turístico) eran el segundo atractivo para la provincia argentina de Misiones en la costa opuesta del río).
El tema es que sobre el principal afluente del Uruguay en la zona Brasil levantó la represa Foz de Chapecó que modificó tanto las características del río Uruguay que en la mayoría de los días de la semana los saltos del Moconá (que llegaban casi a los siete metros) quedan reducidos a unos pocos centímetros.
Algunos kilómetros más arriba sobre el río Paraná, los otrora llamativos “escalones” de agua “Siete Quedas” (siete caídas o siete saltos de agua) también conocidos como los saltos del Guairá, ya no existen a pesar de que en determinado momento atrajeron la mayor cantidad de turistas de todo Brasil.
El embalse de la represa de Itaipú los sepultó y pese a la gran manifestación popular que se realizó para rechazar el proyecto de la represa, en 14 horas y bajo la añoranza de muchos indígenas que vivían en la floresta cercana, la conformación del embalse de Itaipú terminó sepultándolos.
No somos partidarios de preservar el planeta sin alterarlo en lo más mínimo, pero a nuestro entender existen dos condiciones esenciales: 1) Que se extremen las medidas para preservar lo más posible estos recursos y 2) Que la explotación de los mismos deje el mayor beneficio para los habitantes del lugar alterado.