Siempre será mejor prevenir que curar

También en materia ambiental se puede y se debe aplicar esta premisa. Siempre será mejor prevenir que curar y si hubiéramos aprendido esto a tiempo probablemente hubiéramos evitado el enorme daño ambiental que hemos provocado (la humanidad entera) al planeta que nos ha sido regalado para vivir.
Hoy estamos preocupados, sobre todo por los efectos del calentamiento global que nos está anticipando diversas catástrofes.
El aire está contaminado y la capa de ozono, de la que hoy poco se habla y que constituye una suerte de filtro que nos protege de la nocividad de las radiaciones solares, se halla cada vez más dañada.
Ni que hablar del agua dulce existente en el planeta. Ignorando el poco porcentaje del total de agua que existe, le estamos derivando por arrastre una cantidad de contaminantes químicos, residuos del uso indiscriminado de pesticidas, plaguicidas y demás productos químicos que van a parar a los cursos de agua, ya sea por arrastre superficial o por impregnación de las capas freáticas.
No sólo se trata de que hemos tomado los ríos y arroyos por basureros, arrojando en ellos todo lo que no nos sirve, fundamentalmente los plásticos y otros derivados del petróleo que lejos de ser biodegradables se acumulan formando verdaderas islas en los océanos, sino que nunca aprendimos que ellos también son seres vivos, que tienen vida, ya sea flora o fauna y por lo tanto debemos respetarlos y cuidarlos.
Lo mismo sucede con los suelos, las tierras fértiles son cada vez menos fértiles, no sólo porque han sido sobreexplotadas durante muchos años, sino porque son desprotegidas de la erosión y del viento que en determinadas circunstancias constituyen elementos erosivos.
Ante el avance de esta depredación, surgen ingentes esfuerzos por reparar y evitar que el daño continúe adelante. Sin embargo este esfuerzo es hasta hoy absolutamente insuficiente. Sólo las grandes masas populares son capaces de detener esta nocividad y por el momento vemos que siguen “dormidas”.
Los esfuerzos por repoblar ríos y arroyos con especies ictícolas y los parques y márgenes de ríos y arroyos con especies autóctonas son insuficientes, estériles si se continúa con los hábitos de tomar los cursos de agua como basureros y sobre todo con la mentalidad de que la naturaleza debe ser tomada y sacrificada sin miramientos.
Si no limitamos el uso de los recursos naturales, evitando los abusos y comprometiendo la preservación de los mismos en determinado número, seguramente nos espera un futuro deplorable, complicado y un mundo cada vez menos habitable.
Por las generaciones futuras, ¡ojalá lo aprendamos a tiempo!