Silencio y superación sí, olvido e ignorancia jamás

Silencio y superación, frente a los crímenes del pasado pueden ser una actitud entendible, pero olvido jamás. Aquella máxima de que los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetir sus errores tiene más vigencia que nunca y lo reiteramos a propósito del 20 de Mayo, fecha instituida precisamente para mantener el reclamo de verdad y justicia.“Los jóvenes de hoy que ya bordean los 30 años no vivieron la dictadura, no vivieron los denominados años oscuros del país y no sufrieron en carne proia la pérdida de todas las libertades, por eso el riesgo a olvidar va creciendo.

Es cierto que la gente que siempre ha preferido moverse con indiferencia frente a los temas sociales y a la situación que la rodea, ha afirmado siempre y lo sigue afirmando que “a mi la dictadura no me molestó”. Es una afirmación entendible desde su situación, desde su punto de vista, pero absolutamente intolerable para quienes entienden que existen injusticias y desniveles sociales de todo tipo y por lo tanto bregan por mejorar la sociedad en que vivimos.

Muchas veces, escuchamos que si no nos metemos, esto es nos comprometemos con las situaciones que vemos a nuestro alrededor no nos pasará nada. Lejos de suponer una neutralidad, esto es una complicidad. Si alguien ve que a su lado existen arbitrariedades, detenciones injustas, apremios y torturas y ni siquiera las da a conocer públicamente, no es neutral, es cómplice de esa situación.

Dejarlas pasar es aceptarlas y de allí que si no hubiera sido esta la actitud de muchos uruguayos, que felizmente con el tiempo fueron asumiendo su error, la dictadura no hubiera prosperado en el país.

Esto no tiene nada que ver con tomar posición en uno u otro sentido. Nunca compartimos la violencia y menos el uso de las armas para defender ideas, pero tampoco admitimos ni admitiremos jamás la tortura, las injusticias y los crímenes que se cometieron “en nombre de la justicia, la paz”, porque no nos olvidemos que lo que regía era la doctrina de la “seguridad nacional”.

Hay gente que pregona “no vamos a vivir siempre en el pasado”, “aquello ya fue…” estas son voces de ignorancia precisamente.

Hay que sentirse en la piel del hijo que perdió a sus padres o sus hermanos, del padre o  la madre que perdió a su hijo y no saben que pasó con ellos ni adonde fueron a parar sus restos siquiera.

¿Tenemos derecho a pedirles que olviden el pasado?.

No tenemos rencor, no guardamos odio en nuestro corazón, pero si un inocultable sentido de justicia. Quien mató y torturó que pague como corresponde. Esto es lo que debe regir siempre y en todos los tiempos.

Mientras quede una sola muerte o desaparición sin aclararse las marchas silenciosas y las manifestaciones reclamando justicia deberán mantenerse porque tienen plena vigencia.

Alberto Rodríguez Díaz

ilencio y superación, frente a los crímenes del pasado pueden ser una actitud entendible, pero olvido jamás. Aquella máxima de que los pueblos que olvidan su pasado están condenados a repetir sus errores tiene más vigencia que nunca y lo reiteramos a propósito del 20 de Mayo, fecha instituida precisamente para mantener el reclamo de verdad y justicia.“Los jóvenes de hoy que ya bordean los 30 años no vivieron la dictadura, no vivieron los denominados años oscuros del país y no sufrieron en carne proia la pérdida de todas las libertades, por eso el riesgo a olvidar va creciendo.
Es cierto que la gente que siempre ha preferido moverse con indiferencia frente a los temas sociales y a la situación que la rodea, ha afirmado siempre y lo sigue afirmando que “a mi la dictadura no me molestó”. Es una afirmación entendible desde su situación, desde su punto de vista, pero absolutamente intolerable para quienes entienden que existen injusticias y desniveles sociales de todo tipo y por lo tanto bregan por mejorar la sociedad en que vivimos.
Muchas veces, escuchamos que si no nos metemos, esto es nos comprometemos con las situaciones que vemos a nuestro alrededor no nos pasará nada. Lejos de suponer una neutralidad, esto es una complicidad. Si alguien ve que a su lado existen arbitrariedades, detenciones injustas, apremios y torturas y ni siquiera las da a conocer públicamente, no es neutral, es cómplice de esa situación.
Dejarlas pasar es aceptarlas y de allí que si no hubiera sido esta la actitud de muchos uruguayos, que felizmente con el tiempo fueron asumiendo su error, la dictadura no hubiera prosperado en el país.
Esto no tiene nada que ver con tomar posición en uno u otro sentido. Nunca compartimos la violencia y menos el uso de las armas para defender ideas, pero tampoco admitimos ni admitiremos jamás la tortura, las injusticias y los crímenes que se cometieron “en nombre de la justicia, la paz”, porque no nos olvidemos que lo que regía era la doctrina de la “seguridad nacional”.
Hay gente que pregona “no vamos a vivir siempre en el pasado”, “aquello ya fue…” estas son voces de ignorancia precisamente.
Hay que sentirse en la piel del hijo que perdió a sus padres o sus hermanos, del padre o  la madre que perdió a su hijo y no saben que pasó con ellos ni adonde fueron a parar sus restos siquiera.
¿Tenemos derecho a pedirles que olviden el pasado?.
No tenemos rencor, no guardamos odio en nuestro corazón, pero si un inocultable sentido de justicia. Quien mató y torturó que pague como corresponde. Esto es lo que debe regir siempre y en todos los tiempos.
Mientras quede una sola muerte o desaparición sin aclararse las marchas silenciosas y las manifestaciones reclamando justicia deberán mantenerse porque tienen plena vigencia.
Alberto Rodríguez Díaz