Símbolo de nuestros días

EdProbablemente sea lo más representativo de nuestra comunidad por estos días.

Las paredes y los muros callejeros, otrora cuidadosamente conservados en la mayoría de los casos, en parte por el propio concepto de prolijidad y orden existente en la población y en parte por exigencia del gobierno departamental, hoy son blanco ineludibles de quienes disfrutan “enchastrando” y arruinando todo lo que represente aquel concepto aludido.

Es en alguna medida el escenario de una lucha entre una comunidad de la que ya queda muy poco, en la que reinaba el orden (aunque siempre hubo desordenados) y se valoraba debidamente la prolijidad, la higiene y el buen gusto en la imagen estética del lugar donde vivimos, que en alguna medida es nuestra casa y otra, que lamentablemente ha ganado terreno en nuestros días, en que estos “enchastres”, son llamados “expresiones populares” y se admiten como tales en muchas esferas.

Y conste que no hablamos de los murales o “graffitis”, que debidamente encaminados y orientados contribuyen a embellecer un entorno. Estamos hablando de aquellas “obras” de quienes sacan a la luz, por este medio el desorden y los desarreglos interiores.

Hoy “todo da igual”. Hay como una necesidad de arruinar todo lo que representa la comunidad de nuestros mayores, los que forjaron lo que hoy tenemos, en la mayoría de los casos.

Todo lo que representa orden, prolijidad, aseo e higiene parece “mal visto” por estos inadaptados.

Quizás para algunos el tema que nos ocupa sea un tema menor, que no da para una nota de opinión en un diario. No es el concepto que compartimos.

Esta es una forma de transgresión, quizás de las más fáciles de cometer, pero como tal, significa una brecha en lo que debería ser una comunidad que se precie de la imagen de la ciudad.

Ya sea los infractores en sí o sus responsables en el caso de ser menores, deberían de ser obligados a reparar los daños que ellos cometen.

Por lo menos deberíamos de educar a nuestros niños en la valoración de los bienes comunitarios y de los bienes ajenos que en alguna medida compartimos todos.

Si pasamos por alto estas transgresiones estamos dejando la puerta abierta para otras más graves.