Simplemente traidores

A pesar de que tenemos muy claro que son casos excepcionales, los tres procesamientos de policías que se llevan en el mes de agosto, son sintomáticos de que alguna cosa anda bastante más mal de lo que suponemos.
En uno de los casos en particular resulta de no creer. Una joven policía informaba a su novio integrante de una banda de delincuentes, dónde podía robar, porque los operativos iban para otro lado. La banda cayó cuando osados empleados de una empresa lograron quitar la llave a la moto que usaban y permitió su seguimiento, aunque estos cubrieron su retirada a balazos.
No conforme con esto, ella le prestaba su moto particular y su chaleco antibalas para los atracos.
Son aspectos que nos llevan a pensar si realmente quienes tienen el cometido de vigilar, prevenir y disuadir a los delincuentes hacen este trabajo o se unen a quienes debieran combatir para cometer sus fechorías.
Al mismo tiempo se conocieron los detalles de la forma en que los denominados “barrabravas” sacan del país y los ingresan libremente a delincuentes requeridos, algunos por haber cometido o estar sospechados por lo menos de crímenes alevosos, “metiendo la pesada” en los puestos aduaneros y de migración. Aclaremos que a nuestro entender estas personas son más delincuentes que los propios delincuentes, porque no sólo que se arriesgan a cometer los delitos, sino que se colabora y ayuda a que inclusive llegado el caso pudieran asesinar a un compañero de tareas en la policía.
¿Cómo llamarlos? Sencillamente traidores.
Como tales habría que tratarlos.
Mal que nos pese y conste que no somos partidarios de amedrentamientos, ni de torturas, pero cuando escuchamos reclamos por “malas condiciones” en que se hallan algunos procesados, autores de crímenes o actos delictivos aberrantes, sencillamente no compartimos dichos reclamos.
Entendemos que debe ser uno de los últimos problemas a solucionar por el país.
Nos preocupa si los jóvenes que se han preparado, en una profesión o un oficio, no encuentran trabajo.
Nos preocupa las familias que tienen que salir a trabajar los dos cónyuges porque el salario no les da para pagar un alquiler.
Nos preocupa la gente que no puede acceder a una vivienda y termina en un barrio carenciado con toda la problemática que existe en estos, comenzando por la delincuencia que hoy los asola.
Nos preocupan los jubilados que ganan una pasividad mínima y por lo tanto, de no convivir con un familiar no sabemos cómo hacen para pagar los servicios, alimentarse y abrigarse.
Nos preocupan estos temas mucho antes que los otros. “Se tienen que reeducar, hemos escuchado ¿tienen interés en hacerlo? ¿Y los jóvenes o personas de cualquier edad que han matado o despojado de sus bienes, no tenían derecho a vivir?
Sé que podría ser considerado un retrogrado, pero digo lo que pienso y lo seguiré haciendo, aún cuando sea un grito solitario.
Alberto Rodríguez Díaz







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