Simplemente un criminal

Arrojar una garrafa (o cilindro) de supergás de 13 kilos o de menos aún hacia una persona, desde una altura de aproximadamente 10 ó 15 metros, es un acto criminal.

Si esta acción es dirigida a un grupo de personas, en el caso específico policías, es mayor aún porque seguramente a alguien va a pegar y pobre de él.
No cabe en la cabeza de ninguna persona normal, tamaña acción y por lo tanto, entendemos que el autor de ella, que según puede verse en los videos que circulan por facebook podría ser identificada perfectamente, debe ser tratada como un criminal, un asesino, por más que su acción no haya tenido la consecuencia que seguramente él pretendió.
Nada ni nadie pretende disminuir otros hechos vandálicos registrados el pasado domingo en el estadio Centenario, pero sin dudas también que la acción que nos ocupa ha sido la más cruel y criminal de lo que vimos.
Es un vandalismo también saquear los puestos de venta de la gente que concurre a estos espectáculos públicos a ganarse un peso vendiendo refrescos (gaseosas) y choripanes. Son los uruguayos que prefieren laburar en lugar de dedicarse al vandalismo, a usurpar o robar.
Frente a estas acciones los uruguayos comunes no podemos ni debemos permanecer impávidos. Esta gente no tiene institución, no tiene colores ni muchos menos pasión deportiva. Son delincuentes, capaces de asesinar y como tales deben ser erradicados de todo espectáculo público.
El espiral de violencia comienza por acciones menores, no surge por generación espontánea, pero lamentablemente hoy ha ido creciendo, se nos ha escapado de las manos, como otros aspectos de la vida comunitaria y no es con medidas aisladas que las podremos corregir. No renegamos de aplicar sanciones, penas y multas severas a los autores aún de las más mínimas manifestaciones de violencia, pero si creemos que es este el camino para corregir tanta violencia nos estaremos equivocando.
El deporte uruguayo se encuentra en una encrucijada de la que seguramente será muy difícil salir, alcohol, droga, violencia y corrupción, una mezcla letal de la que no será fácil escapar, pero es hora de asumir que todo aquel involucrado en el tema sea puesto en su lugar.
O estamos con los violentos o estamos con quienes queremos volver a los estadios con nuestra familia, pero ahora estamos muy lejos de hacerlo.

Alberto Rodríguez Díaz







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