Sin prisa, pero también sin pausa

Siempre que se dan hechos como la actual secuela de rapiñas. Es entendible no sólo la preocupación, sino también el malestar de la gente que se pone nerviosa, perdiendo de vista que son hechos aislados, aún cuando respondan a grupos delictivos que persisten en sus andanzas.
Es formidable la expansión en este sentido que tiene la acción de los delincuentes en la población, sobre todo cuando son atracos a mano armada, la verdadera “psicosis” que son capaces de generar estos hechos.
Se suele cuestionar a la Justicia que “los deja libre”(a los delincuentes) muy pronto se afirma y lo primero que suele proponerse es mano extremadamente dura y sin mayores preámbulos contra los sospechosos de andar delinquiendo.
En estas columnas hemos planteado nuestra posición al respecto.
En primer lugar compartimos la preocupación popular porque en más de una oportunidad, gente con antecedentes que es capturada portando armas de fuego, “zafa” fácilmente al sostener que alguien “le pidió” que le alcanzara el arma a otro anónimo o bien que “la encontró” o cualquier otro argumento absurdo, que sin embargo pareciera válido para la Justicia.
Para nosotros, quien sale a la calle portando un arma, sea con el fin que sea, está cometiendo un delito grave. Quien sale armado sale decidido a matar llegado el caso y por lo tanto la Justicia no debería tratarlo con tanta liviandad.
Más aún, hemos comprobado que delincuentes “pesados” presos por narcotráfico o delitos similares vuelven pronto a la calle y cuando se captura a autores de otros delitos de gravedad nos encontramos con que uno de los involucrados había salido de la cárcel poco tiempo atrás.
En definitiva, ni tan tan ni muy muy. No estamos pidiendo la pena de muerte, pero sí una mayor severidad para quienes salen a la calle dispuestos a matar a quien se interponga a sus intereses. A la prueba está que los dos menores, uno de 17 años, que han confesado el asesinato de un hombre para robarle la moto, han quedado libres, vaya a saber por qué.
La Justicia no puede ser ingenua ni tan benévola con quien está fuera de la ley. Seamos claros y contundentes. No es cuestión de cortarles las manos al delincuente, pero tampoco de facilitarles el camino…
Cuando se trata de investigar y combatir delitos como los que nos preocupan seamos pacientes, no nos desesperemos, pero tampoco bajemos los brazos acostumbrándonos a pasar raya rápidamente a los hechos, olvidándonos de todo.
Como se decía en nuestros tiempos, “sin prisa, pero también sin pausa”.
A.R.D.







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