SIRPA: un programa serio que merece respeto

El sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (SIRPA), es poco  conocido por la población uruguaya, sin embargo cumple una función trascendente y de gran importancia para el país en general.
Surgió para hacerse cargo de una problemática que tiene a mal traer a los uruguayos, como es la de los menores infractores, sobre todo de aquellos que han cometido infracciones graves, a veces irreparables.
Individuos que como lo indican los propios responsables del programa a veces vienen de historias “pesadas” de las que les es imposible salir por sus propios medios.
La problemática de los menores infractores ocupa los titulares de los medios informativos cuando hay uno de estos hechos, cuando fugan de los establecimientos dedicados a atenderlos, como la colonia Berro, o cuando surgen motines.
Estos dos últimos hechos no han sido noticia -felizmente – de varios meses a esta parte, porque no se han registrado una vez que el SIRPA se hizo cargo, salvo excepciones.
Se trata de un programa cuyos resultados seguramente no se verán en el corto plazo, porque no existen “soluciones mágicas”, ni es acertado pretender resultados así.
La rebaja de edad para imputarlos, lejos de significar una solución, no hará mas que aumentar el número de reclusos, pero sin ocuparse realmente de la problemática de fondo que seguirá “aportando” adolescentes con esta problemática.
No renegamos de las sanciones acordes a las infracciones o delitos (si fueran mayores), porque no ignoramos la gravedad del problema. Lo que sostenemos es que mal que nos pese, si no encaramos soluciones como las que se propone el SIRPA, rescatarlos para el estudio, enseñarles oficios y buscarles trabajo, debemos saber que el problema seguirá latente.
Se trata de individuos que generalmente provienen de hogares destruidos, padres separados, abandonados a su suerte, sin estudio, sin oficio, sin hábitos de trabajo, y aunque no nos guste la palabra están al margen de toda posibilidad de insertarse en la sociedad. La cárcel lejos de darles una salida los devuelve a este ambiente donde inexorablemente volverán a caer en el delito.
Si por solución entendemos el sacarlos de circulación, debemos saber que atrás de estos individuos, seguirán llegando otros, todos con la misma situación atrás y lejos de mejorar, seguiremos cayendo en este abismo.
De allí que entendamos que programas como el SIRPA merecen el máximo respaldo, porque es de las pocas oportunidades que tenemos de mejorar en este aspecto.

El sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (SIRPA), es poco  conocido por la población uruguaya, sin embargo cumple una función trascendente y de gran importancia para el país en general.

Surgió para hacerse cargo de una problemática que tiene a mal traer a los uruguayos, como es la de los menores infractores, sobre todo de aquellos que han cometido infracciones graves, a veces irreparables.

Individuos que como lo indican los propios responsables del programa a veces vienen de historias “pesadas” de las que les es imposible salir por sus propios medios.

La problemática de los menores infractores ocupa los titulares de los medios informativos cuando hay uno de estos hechos, cuando fugan de los establecimientos dedicados a atenderlos, como la colonia Berro, o cuando surgen motines.

Estos dos últimos hechos no han sido noticia -felizmente – de varios meses a esta parte, porque no se han registrado una vez que el SIRPA se hizo cargo, salvo excepciones.

Se trata de un programa cuyos resultados seguramente no se verán en el corto plazo, porque no existen “soluciones mágicas”, ni es acertado pretender resultados así.

La rebaja de edad para imputarlos, lejos de significar una solución, no hará mas que aumentar el número de reclusos, pero sin ocuparse realmente de la problemática de fondo que seguirá “aportando” adolescentes con esta problemática.

No renegamos de las sanciones acordes a las infracciones o delitos (si fueran mayores), porque no ignoramos la gravedad del problema. Lo que sostenemos es que mal que nos pese, si no encaramos soluciones como las que se propone el SIRPA, rescatarlos para el estudio, enseñarles oficios y buscarles trabajo, debemos saber que el problema seguirá latente.

Se trata de individuos que generalmente provienen de hogares destruidos, padres separados, abandonados a su suerte, sin estudio, sin oficio, sin hábitos de trabajo, y aunque no nos guste la palabra están al margen de toda posibilidad de insertarse en la sociedad. La cárcel lejos de darles una salida los devuelve a este ambiente donde inexorablemente volverán a caer en el delito.

Si por solución entendemos el sacarlos de circulación, debemos saber que atrás de estos individuos, seguirán llegando otros, todos con la misma situación atrás y lejos de mejorar, seguiremos cayendo en este abismo.

De allí que entendamos que programas como el SIRPA merecen el máximo respaldo, porque es de las pocas oportunidades que tenemos de mejorar en este aspecto.







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