Sobre el periodismo y las cortinas de humo

Cuando un tema “está que arde”, una estratagema muy conocida es la de tratar de distraer la atención pública, lanzando lo que se denomina “cortinas de humo”.
Obviamente que este tipo de estratagemas sólo puede confundir a incautos e ingenuos porque resultan evidentes estas “coincidencias” y en contrapartida lo que se logra entre quienes analizan y son capaces de descubrir estas artimañas, es exasperar los ánimos de muchos, intensificar las investigaciones y sancionar con el máximo rigor todo lo que sea o hayan sido abusos reñidos con la ley.
Pero el periodismo también tiene su cuota parte en esto.
Nada tenemos contra quienes recogen las versiones, pero entre quienes entienden del tema saben muy bien que no sólo se trata de darle voz o no, sino que la opinión del medio o de los conductores de un programa se manifiesta en la relevancia que se otorga a un tema.
Esto es, cuando se le da total relevancia y sencillamente se hace eco de las versiones, sin interrogar, hurgar y profundizar en los temas, no sólo se está recogiendo, sino que esencialmente se está compartiendo y prestándose para ser utilizado por parte de los intereses que se esconden atrás de estos rumores.
Somos pocos y nos conocemos. Creer que los lectores, oyentes o televidentes son tan ingenuos que no serán capaces de notar de lo que se habla, es a nuestro entender un error.
Descubrir que hay programas y comunicadores (nos resistimos a llamarles periodistas en estos casos), que están decididamente “jugados” a determinados intereses por un beneficio personal no es novedad.
Saber que se utilizan diferentes estratagemas, el más usado es que uno “levante el centro” (para aparecer como el “yo no fui”), como se dice en la jerga periodística y su compañero “meta el puñal”, es conocido y sabido.
En Salto somos pocos y nos conocemos. Incluso podemos entender que alguien asuma una posición y se juegue por ella (hay un medio que ha proclamado abiertamente sus ideas afines al Partido Colorado y lo entendemos y aceptamos como corresponde en una democracia, lo que no compartiremos jamás, es que haya quienes se esconden detrás de una posición para aparecer como “pluralistas o abiertos”, cuando en realidad están en el extremo opuesto.
Deberían manifestarse, si somos afines a determinado partido, digámoslo abiertamente, sin rodeos, pero jugar a las escondidas es una vieja artimaña que ya no jode a nadie.
¡Al que le caiga el sayo…!
Alberto Rodríguez Díaz







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