Sobre las grandes superficies

Días atrás en estas columnas nos ocupábamos de un problema que se va extendiendo en la región, aunque felizmente aún no ha llegado a nuestra ciudad.
Se trata de las grandes extensiones, también denominadas “hiper”, modalidad de supermercados que abarcan prácticamente todos los rubros comerciales del mercado hogareño.
El tema radica en que al tratarse de inversiones importantes, los gobiernos municipales, siempre preocupados por el tema de la falta de trabajo, suelen caer en la tentación de ofrecerles jugosos beneficios para que se instalen en el lugar.
Ahora bien, el tema es que estos beneficios, exoneraciones impositivas, cuando no concesiones en el uso de lugares públicos, nunca son debidamente correspondidos cuando se instalan estas grandes superficies.
Es así que del otro lado del río, Entre Ríos, un importante grupo de pequeños y medianos comerciantes, lucha contra este flagelo que en pocos meses de funcionamiento aparejó más desocupación que los menguados puestos de trabajo que trajo.
El tema está en que nada alrededor subsiste, los kioscos, los almacenes y verdulerías sobre todo pronto sucumben al verse imposibilitados de competir con los precios de estos grandes capitales.
Incluso los pequeños productores pronto caen en la cuenta que en lugar de ampliarles el mercado para la venta de sus productos, lo que en realidad aparejan estas instalaciones es una especie de monopolio.
El horticultor y el fruticultor termina irremediablemente cayendo en las garras del mayorista que fija el precio, paga cuando quiere y como quiere, muchas veces le toma la mercadería a consignación y ya en etapas más avanzadas, se “asocia” con el productor, pagándole un sueldo y marcando qué debe producir, cómo y cuanto.
Es al menos lo que han comprobado estos comerciantes de Entre Ríos que se han unido en una lucha frontal contra estas grandes extensiones, que según explican, constituyen una competencia totalmente desleal.
Felizmente en Salto aún no hemos tenido la instalación de los “hiper”, que más que una bendición, parece que fueran una absoluta maldición.
En Salto al menos que sepamos hasta el día de hoy no existe este problema, aunque la tentación está latente. La falta de trabajo y sobre todo la inseguridad laboral, (que significa tres o seis meses de trabajo y luego despido sin explicaciones), lleva a pensar que por este lado podría haber una mejoría en la situación.
De acuerdo a la experiencia regional, es casi seguro que no sea así precisamente.