Sobre las tarifas de los servicios públicos

A esta hora creo que ya se ha conocido el aumento de tarifas públicas y servicios, aunque personalmente al momento de escribir esta nota aún no lo conocemos. Pero creemos que la presente nota mantiene vigencia porque no será la única vez que nos encontraremos frente a esta situación.
En primer lugar corresponde preguntarse si se deben aumentar las tarifas o no, ¿cuando? y ¿por qué?.
El tema de nuestros días acarrea una gran polémica y esconde también un aspecto sustancial de nuestra democracia: deben las empresas públicas ser manejadas con criterio comercial o como generadoras de la recaudación que precise el Estado para hacer frente a sus necesidades.
Cuando el Estado es manejado con un criterio politiquero, esto es cuando se incorpora un correligionario o un dirigente barrial o de otra institución teóricamente representativa de varios votantes, bajo la promesa de concerdele un cargo público, entonces las necesidades no sólo que son mayores, sino que además se suele perder eficiencia y pensar en vender o privatizar para recaudar.
Lamentablemente experiencias de este tipo son conocidas, aunque felizmente no en nuestro país.
Ha sido este el primer choque frontal entre oposición (hasta ayer oficialismo) que entendió que no era necesario el aumento y anunció meses atrás que no aumentaría las tarifas y el oficialismo (hasta ayer oposición) que pretendía que el gobierno saliente adoptara el aumento de las tarifas.
El trasfondo de esto es que nadie quiere hacerse padre de la criatura, porque saben que es esta una medida tremendamente antipopular, antipática.
Esta es la verdad de la milanesa y el Estado no tiene otra forma de financiarse que no sea mediante las tarifas de los servicios o los impuestos. La oposición hoy oficialismo ha dicho que se ha encontrado con un Estado en peores condiciones de las que creía estaba.
Que las tarifas deben adecuarse a los tiempos lo sabemos y ha sido así, ahora, como ayer y en todos los tiempos. ¿Cuánto deben ajustarse y con que criterio? Esta es la cuestión. Analizarlo desde la oposición, sin ninguna responsabilidad es fácil y siempre será mucho más rentable.
Hacerlo desde el oficialismo, supone defender los aumentos no sólo es antipático, sino que se cree que tiene una gran carga de impopularidad y por lo tanto supone la pérdida de adhesiones.
Nosotros pensamos igual que ayer. Las empresas públicas y el Estado en general deben manejarse como cualquier empresa comercial, pero sin olvidar que algunas ellas, agua, luz, saneamiento, conllevan una carga social que no debe olvidarse, pero tampoco permitir que desnivelen los márgenes que requieren las empresas debidamente manejadas, porque quien las paga en definitiva es el propio pueblo.
A.R.D.