Sólo un paliativo

esde la Junta Nacional de Drogas (JND), se está impulsando un proyecto que aumente la carga impositiva sobre las bebidas alcohólicas, en especial el vino, para conformar un fondo que permita poner en funcionamiento clínicas para atender a personas víctimas del alcoholismo.
El gobierno quiere bajar el consumo y propone aumentar los tributos. Hasta el momento  Las bebidas, salvo el vino, están gravadas con el Impuesto Específico Interno (Imesi) y la intención es “agregar un porcentaje adicional” que apunte a desestimular el consumo, y fundamentalmente sirva para financiar, al menos en parte, el costo “sanitario” del alcoholismo.
Nadie puede discutir el propósito de disminuir la incidencia del alcoholismo y sobre todo de evitar que otra gente caiga en las garras del alcohol, hasta el día de hoy considerada la principal más extendida en el país y a la que acceden a más temprana edad los adolescentes y hasta algunos niños en el país.
El alcoholismo está relacionado en el país a la violencia doméstica y los accidentes de tránsito y por lo tanto, tiene consecuencias de mucha gravedad .
Lamentablemente la medida que se propone, la que sería complementada con la prohibición de consumo en lugares públicos, como la rambla,  la Costanera, y los paseos públicos en general, representan sólo un paliativo.
No entramos a considerar sin son medidas acertadas o no, pero tampoco se puede perder de vista que a lo sumo representarán un paliativo.
El tema de fondo es evitar que los niños y adolescentes caigan en las garras del alcoholismo. Restarle “clientela” al alcoholismo es una medida inevitable y no debe olvidarse, porque nada mejor que el alejamiento voluntario de la bebida.
El acceso a ellas siempre será posible, porque en esta parte del país al menos el ingreso de bebidas de contrabando, desde la caña blanca brasileña hasta el vino en caja de Argentina, es habitual.
Por otra parte, es sabido que los grupos de alcohólicos “financian”, muchas veces la compra de bebidas mediante “peajes” esporádicos que suelen montar en algunos puntos de los barrios donde se reúnen.
Claro está que no el alcoholismo no sólo está a estos niveles, sino que atraviesa todas las franjas sociales a lo largo y ancho de la comunidad y por lo tanto, mientras sea la bebida que nos domine y no nosotros que la dominemos a ella, seguramente seguiremos teniendo problemas, más allá del precio de las bebidas alcohólicas y de los lugares adonde pueda beberse.
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Desde la Junta Nacional de Drogas (JND), se está impulsando un proyecto que aumente la carga impositiva sobre las bebidas alcohólicas, en especial el vino, para conformar un fondo que permita poner en funcionamiento clínicas para atender a personas víctimas del alcoholismo.
El gobierno quiere bajar el consumo y propone aumentar los tributos. Hasta el momento  Las bebidas, salvo el vino, están gravadas con el Impuesto Específico Interno (Imesi) y la intención es “agregar un porcentaje adicional” que apunte a desestimular el consumo, y fundamentalmente sirva para financiar, al menos en parte, el costo “sanitario” del alcoholismo.
Nadie puede discutir el propósito de disminuir la incidencia del alcoholismo y sobre todo de evitar que otra gente caiga en las garras del alcohol, hasta el día de hoy considerada la principal más extendida en el país y a la que acceden a más temprana edad los adolescentes y hasta algunos niños en el país.
El alcoholismo está relacionado en el país a la violencia doméstica y los accidentes de tránsito y por lo tanto, tiene consecuencias de mucha gravedad .
Lamentablemente la medida que se propone, la que sería complementada con la prohibición de consumo en lugares públicos, como la rambla,  la Costanera, y los paseos públicos en general, representan sólo un paliativo.
No entramos a considerar sin son medidas acertadas o no, pero tampoco se puede perder de vista que a lo sumo representarán un paliativo.
El tema de fondo es evitar que los niños y adolescentes caigan en las garras del alcoholismo. Restarle “clientela” al alcoholismo es una medida inevitable y no debe olvidarse, porque nada mejor que el alejamiento voluntario de la bebida.
El acceso a ellas siempre será posible, porque en esta parte del país al menos el ingreso de bebidas de contrabando, desde la caña blanca brasileña hasta el vino en caja de Argentina, es habitual.
Por otra parte, es sabido que los grupos de alcohólicos “financian”, muchas veces la compra de bebidas mediante “peajes” esporádicos que suelen montar en algunos puntos de los barrios donde se reúnen.
Claro está que no el alcoholismo no sólo está a estos niveles, sino que atraviesa todas las franjas sociales a lo largo y ancho de la comunidad y por lo tanto, mientras sea la bebida que nos domine y no nosotros que la dominemos a ella, seguramente seguiremos teniendo problemas, más allá del precio de las bebidas alcohólicas y de los lugares adonde pueda beberse.