Suelo y agua: dos desafíos Impostergables

Cuidar la tierra, dándole el mejor uso posible dentro de lo que permite la menor degradación y aprovechar debidamente el agua dulce que generosamente nos regala la naturaleza con el promedio de lluvia que beneficia al país, son los dos desafíos más importantes que tiene Uruguay en estos momentos.
El uso de la tierra a efectos de no perder fertilidad es el  más acuciante. Estamos seguros que ya arrancamos de atrás en esta materia, debido a que hace ya varios años que se está usando las tierras agrícolas sin el debido control. Los monocultivos, cuyos perjuicios son conocidos, se han manejado libremente y sólo hoy aparecen en el horizonte algunas limitantes y disposiciones que tienden a racionalizar este uso.
Paradójicamente la Ley 15.239 que obligará a que cada productor de determinada superficie a planificar y presentar un proyecto ante el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, para realizar una explotación sustentable de su predio, proviene del tiempo de la dictadura y fue establecida por El Consejo de Estado, en 1981, es sin lugar a dudas un avance en la materia.
El Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, lo ha dicho con mucha claridad “queremos aplicar medicina preventiva” en esta materia. Bastante tiempo atrás señaló el hecho de que luego de 400 años de ser  ganadero, las exportaciones vegetales han pasado a ser más importantes para el país que las de animales.
Asumiendo esta realidad el Ing. Agr. Tabaré Aguerre, expresó “queremos hacer medicina preventiva” en materia de los suelos.
Sin lugar a dudas que es lo más acertado. No todos los suelos del país tienen las mismas características y la misma capacidad para soportar las mismas explotaciones.
En definitiva el Estado es el dueño de las tierras, por más que haya propietarios privados que la exploten, pero es el país, el que tiene la responsabilidad de exigir la conservación del recurso suelo mediante el buen uso del mismo.
En materia del agua dulce sucede algo muy similar. Las malas prácticas que continúan aplicándose llevan a la paulatina contaminación de los cursos de las aguas y hasta de las napas freáticas. Además de acentuar los problemas emanados de la erosión.
Es necesario aplicar las disposiciones que ya existen en la materia, que son conocidas, pero hasta el día de hoy están rengas de control y de fiscalización del cumplimiento de las disposiciones en toda su magnitud.
La otra pata de esto, es el aprovechamiento que puede y debe hacerse del agua de lluvia, sobre todo para disminuir el impacto de las sequías. El hecho de que hasta el día de hoy el agua dulce de la lluvia siga escurriendo libremente hacia el océano, sin otro aprovechamiento que algunas esporádicas represas en los campos es un pecado, cuando hay en el mundo naciones enteras que dependen del agua y bregan por alguna lluvia esporádica.
No ignoramos que hoy estamos mejor que antes al menos en el camino de la concientización de estos temas, pero es necesario llevarlos a la práctica y controlarlos con eficiencia, porque no debemos olvidar que esta es la tierra que tomamos prestada de las futuras generaciones y no hay derecho a dejarlos en la miseria por haberla explotado hasta arruinarla.

Cuidar la tierra, dándole el mejor uso posible dentro de lo que permite la menor degradación y aprovechar debidamente el agua dulce que generosamente nos regala la naturaleza con el promedio de lluvia que beneficia al país, son los dos desafíos más importantes que tiene Uruguay en estos momentos.

El uso de la tierra a efectos de no perder fertilidad es el  más acuciante. Estamos seguros que ya arrancamos de atrás en esta materia, debido a que hace ya varios años que se está usando las tierras agrícolas sin el debido control. Los monocultivos, cuyos perjuicios son conocidos, se han manejado libremente y sólo hoy aparecen en el horizonte algunas limitantes y disposiciones que tienden a racionalizar este uso.

Paradójicamente la Ley 15.239 que obligará a que cada productor de determinada superficie a planificar y presentar un proyecto ante el Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca, para realizar una explotación sustentable de su predio, proviene del tiempo de la dictadura y fue establecida por El Consejo de Estado, en 1981, es sin lugar a dudas un avance en la materia.

El Ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, lo ha dicho con mucha claridad “queremos aplicar medicina preventiva” en esta materia. Bastante tiempo atrás señaló el hecho de que luego de 400 años de ser  ganadero, las exportaciones vegetales han pasado a ser más importantes para el país que las de animales.

Asumiendo esta realidad el Ing. Agr. Tabaré Aguerre, expresó “queremos hacer medicina preventiva” en materia de los suelos.

Sin lugar a dudas que es lo más acertado. No todos los suelos del país tienen las mismas características y la misma capacidad para soportar las mismas explotaciones.

En definitiva el Estado es el dueño de las tierras, por más que haya propietarios privados que la exploten, pero es el país, el que tiene la responsabilidad de exigir la conservación del recurso suelo mediante el buen uso del mismo.

En materia del agua dulce sucede algo muy similar. Las malas prácticas que continúan aplicándose llevan a la paulatina contaminación de los cursos de las aguas y hasta de las napas freáticas. Además de acentuar los problemas emanados de la erosión.

Es necesario aplicar las disposiciones que ya existen en la materia, que son conocidas, pero hasta el día de hoy están rengas de control y de fiscalización del cumplimiento de las disposiciones en toda su magnitud.

La otra pata de esto, es el aprovechamiento que puede y debe hacerse del agua de lluvia, sobre todo para disminuir el impacto de las sequías. El hecho de que hasta el día de hoy el agua dulce de la lluvia siga escurriendo libremente hacia el océano, sin otro aprovechamiento que algunas esporádicas represas en los campos es un pecado, cuando hay en el mundo naciones enteras que dependen del agua y bregan por alguna lluvia esporádica.

No ignoramos que hoy estamos mejor que antes al menos en el camino de la concientización de estos temas, pero es necesario llevarlos a la práctica y controlarlos con eficiencia, porque no debemos olvidar que esta es la tierra que tomamos prestada de las futuras generaciones y no hay derecho a dejarlos en la miseria por haberla explotado hasta arruinarla.







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