Tengo mis dudas

“Esta vieja es peor que el tuerto…”

A cualquier  lector desprevenido esta frase le resultaría un exabrupto, casi un insulto. Viniendo del presidente de una República y en alusión a una presidente y su esposo, a su vez un ex presidente, la gravedad puede ser mayor.
Si así fuera, no habría nada dudoso, la gravedad, el alcance y las consecuencias del hecho serían seguramente graves y predecibles.
Sin embargo, más allá del hecho concreto, en el caso de las afirmaciones del presidente de la República, José “Pepe” Mujica, es necesario analizar el contexto en el que tiene lugar.
En el Uruguay, una de las principales acusaciones de la oposición a Mujica en estos momentos es precisamente de ser demasiado “flojo” con el gobierno de Cristina Kirchner y de estar demasiado cercano a la presidente y su gobierno que logran todo lo que quieren del gobierno de nuestro país. En este aspecto las referencias son a las dificultades para el dragado del canal Martin García, la publicación de los análisis del agua del río Uruguay y otros aspectos similares.
A su vez el sector industrial uruguayo acusa a Mujica, la cancillería y demás de ser demasiados contemplativos en las negociaciones con sus pares argentinos, que cada vez imponen más dificultades para los uruguayos.
Del otro lado del río, se levantan voces y presiones muchas veces “invisibles” que acosan al gobierno argentino exigiéndole medidas contra las importaciones y en esta situación el primer perjudicado es el Uruguay.
El hecho que Mujica de alguna manera reconozca las dificultades que la presidente pone a los intereses uruguayos, beneficia la figura de Cristina frente a estos poderosos sectores.
Cuando tanto Cristina Fernández como Mujica salen a afirmar que no habrán de aclarar ni decir nada sobre las afirmaciones del presidente uruguayo, nos llama la atención.
Tenemos nuestras dudas que haya alguna otra repercusión que no sea el “alarido” de algunos medios y tenemos claro que en esta situación, más que perjudicar a ambos presidentes los beneficia ante importantes sectores nacionales.
Aún si se tratara de una “estrategia” acordada y debidamente balanceada antes de llevarse a la práctica.
Aún sin entrar a analizar el fondo de los dichos de Mujica, que seguramente no son muy errados, que quede claro, no nos gusta.
No nos gustan los insultos y las denostaciones como argumento válido ante cualquier discusión.
Menos aún cuando hacen alusión a defectos físicos o similares de las personas. No es bueno ni constructivo para nadie, porque habla de su nivel cultural y de educación. Hace daño y en particular a  quien lo emite.
Alberto Rodríguez Díaz
“Esta vieja es peor que el tuerto…”
A cualquier  lector desprevenido esta frase le resultaría un exabrupto, casi un insulto. Viniendo del presidente de una República y en alusión a una presidente y su esposo, a su vez un ex presidente, la gravedad puede ser mayor.
Si así fuera, no habría nada dudoso, la gravedad, el alcance y las consecuencias del hecho serían seguramente graves y predecibles.
Sin embargo, más allá del hecho concreto, en el caso de las afirmaciones del presidente de la República, José “Pepe” Mujica, es necesario analizar el contexto en el que tiene lugar.
En el Uruguay, una de las principales acusaciones de la oposición a Mujica en estos momentos es precisamente de ser demasiado “flojo” con el gobierno de Cristina Kirchner y de estar demasiado cercano a la presidente y su gobierno que logran todo lo que quieren del gobierno de nuestro país. En este aspecto las referencias son a las dificultades para el dragado del canal Martin García, la publicación de los análisis del agua del río Uruguay y otros aspectos similares.
A su vez el sector industrial uruguayo acusa a Mujica, la cancillería y demás de ser demasiados contemplativos en las negociaciones con sus pares argentinos, que cada vez imponen más dificultades para los uruguayos.
Del otro lado del río, se levantan voces y presiones muchas veces “invisibles” que acosan al gobierno argentino exigiéndole medidas contra las importaciones y en esta situación el primer perjudicado es el Uruguay.
El hecho que Mujica de alguna manera reconozca las dificultades que la presidente pone a los intereses uruguayos, beneficia la figura de Cristina frente a estos poderosos sectores.
Cuando tanto Cristina Fernández como Mujica salen a afirmar que no habrán de aclarar ni decir nada sobre las afirmaciones del presidente uruguayo, nos llama la atención.
Tenemos nuestras dudas que haya alguna otra repercusión que no sea el “alarido” de algunos medios y tenemos claro que en esta situación, más que perjudicar a ambos presidentes los beneficia ante importantes sectores nacionales.
Aún si se tratara de una “estrategia” acordada y debidamente balanceada antes de llevarse a la práctica.
Aún sin entrar a analizar el fondo de los dichos de Mujica, que seguramente no son muy errados, que quede claro, no nos gusta.
No nos gustan los insultos y las denostaciones como argumento válido ante cualquier discusión.
Menos aún cuando hacen alusión a defectos físicos o similares de las personas. No es bueno ni constructivo para nadie, porque habla de su nivel cultural y de educación. Hace daño y en particular a  quien lo emite.
Alberto Rodríguez Díaz