Tiempo de análisis y acercamiento

Tradicionalmente los fines de año la gente acostumbra a realizar análisis, evaluaciones, a reconsiderar lo actuado para corregir lo que puede haberse hecho errónea o insatisfactoriamente y potenciar lo que entendemos hemos hecho bien.
Es que la llegada de las fiestas tradicionales nos vuelve “más sensibles” o al menos fomenta el diálogo, nos predispone a la sana costumbre de escuchar al otro y lo que es más “raro” en nuestros días, tratar de entenderlo.
De allí que consideremos que es esto un hábito saludable.
Hoy hay conflictos, divergencias, distanciamientos que seguramente no se arreglan sólo con buena voluntad, con disposición al diálogo y a la comprensión de la contraparte, pero seguramente éste es el punto de partida en todos los casos.
Ciertamente que no basta con esto, pero sin esto tampoco puede haber una salida convincente, porque el diálogo es imprescindible.
Los uruguayos venimos de haber participado en la instancia más dignificante que tiene un pueblo, que es la elección de sus gobernantes nacionales y hemos dado muestras una vez más del respeto y del espíritu democrático que tenemos para expresar nuestra voluntad. Aún cuando no coincidamos en cuanto a las personas elegidas, existe en forma unánime un profundo respeto a la voluntad popular. La expresión democrática es y deberá seguir siendo algo “sagrado” para el pueblo uruguayo.
El sistema debe seguir ofreciendo el máximo de confianza, porque atesora lo mejor de la democracia, que es la voluntad popular.
Todavía resta otra instancia y es más doméstica. Es la que nos toca más de cerca, en cuanto se trata de la elección de intendentes y alcaldes, además de los órganos legislativos departamentales. Vale decir que dentro de algunos meses más volveremos a las urnas para elegir, en esta ocasión los gobiernos locales.
Más allá de la elección que haga cada uno de nosotros, es importante que lo sigamos haciendo dentro del máximo respeto, debatiendo con altura aún en la más acérrima discrepancia.
Elegir gobernantes es determinar a quién le confiaremos el manejo de la cosa pública, es decir de los intereses de todos, en los próximos cinco años.
Cada uno de nosotros deberá determinar a quién considera más capaz, mejor preparado o sencillamente en quién deposita su confianza para esta función.
No es posible pensar en que todos los uruguayos nos pongamos de acuerdo sobre el punto, pero sí que haya una mayoría que coincida en su opinión y este es el punto.

Tradicionalmente los fines de año la gente acostumbra a realizar análisis, evaluaciones, a reconsiderar lo actuado para corregir lo que puede haberse hecho errónea o insatisfactoriamente y potenciar lo que entendemos hemos hecho bien.

Es que la llegada de las fiestas tradicionales nos vuelve “más sensibles” o al menos fomenta el diálogo, nos predispone a la sana costumbre de escuchar al otro y lo que es más “raro” en nuestros días, tratar de entenderlo.

De allí que consideremos que es esto un hábito saludable.

Hoy hay conflictos, divergencias, distanciamientos que seguramente no se arreglan sólo con buena voluntad, con disposición al diálogo y a la comprensión de la contraparte, pero seguramente éste es el punto de partida en todos los casos.

Ciertamente que no basta con esto, pero sin esto tampoco puede haber una salida convincente, porque el diálogo es imprescindible.

Los uruguayos venimos de haber participado en la instancia más dignificante que tiene un pueblo, que es la elección de sus gobernantes nacionales y hemos dado muestras una vez más del respeto y del espíritu democrático que tenemos para expresar nuestra voluntad. Aún cuando no coincidamos en cuanto a las personas elegidas, existe en forma unánime un profundo respeto a la voluntad popular. La expresión democrática es y deberá seguir siendo algo “sagrado” para el pueblo uruguayo.

El sistema debe seguir ofreciendo el máximo de confianza, porque atesora lo mejor de la democracia, que es la voluntad popular.

Todavía resta otra instancia y es más doméstica. Es la que nos toca más de cerca, en cuanto se trata de la elección de intendentes y alcaldes, además de los órganos legislativos departamentales. Vale decir que dentro de algunos meses más volveremos a las urnas para elegir, en esta ocasión los gobiernos locales.

Más allá de la elección que haga cada uno de nosotros, es importante que lo sigamos haciendo dentro del máximo respeto, debatiendo con altura aún en la más acérrima discrepancia.

Elegir gobernantes es determinar a quién le confiaremos el manejo de la cosa pública, es decir de los intereses de todos, en los próximos cinco años.

Cada uno de nosotros deberá determinar a quién considera más capaz, mejor preparado o sencillamente en quién deposita su confianza para esta función.

No es posible pensar en que todos los uruguayos nos pongamos de acuerdo sobre el punto, pero sí que haya una mayoría que coincida en su opinión y este es el punto.