Tiempo de darle una oportunidad a la reconciliación

La llegada de las fiestas tradicionales es una especie de “amnistía” para muchas rencillas y resentimientos entre las personas, rencillas que muchas veces maximizamos a punto tal que se convierten en obstáculos insalvables para una buena relación.
No significa esto que por el simple hecho del cambio de almanaque o la llegada de las fiestas tradicionales nos reconciliemos sin más, ni más con todo el mundo, olvidando por completo lo pasado y el origen del entredicho.
Lo que sostenemos es que es saludable para todas las personas de buena voluntad hacer el esfuerzo necesario para darle a cada problema su justa dimensión. Cuando se trata de rencillas, de malos entendidos o sencillamente de controversias totalmente habituales en el relacionamiento humano, no tendríamos que convertir a estas en grandes y graves problemas.
No se trata de otorgar “cheques en blanco”, de darle “carné de bueno” a todo el mundo, haya hecho lo que haya hecho, porque sería caer en una ingenuidad absolutamente irreal.
Se trata de concederle una oportunidad a quien – a nuestro entender – no ha obrado como una persona justa, honesta y solidaria cuando ha tenido oportunidad de hacerlo.
Se trata de entender que la posibilidad de equivocarse está tanto de un lado como del otro y generalmente estos temas no son en blanco y negro, sino en tono de grises. Vale decir que ninguna de las dos partes tenemos toda la verdad.
Nada perdemos al bajar un poco la guardia para concederle, al menos el beneficio de la duda a la persona de quien nos hemos distanciado por estos temas y seguramente que la reconciliación justifica todo el esfuerzo que se haga.
Hoy vemos a muchas familias distanciadas. Un mundo tremendamente individualista lleva precisamente al distanciamiento, a encontrarnos con padres que nada saben de sus hijos y con hijos que se han desentendido por completo de su familia paterna.
Este individualismo tiene consecuencias desastrosas porque se manifiesta en una destrucción total de las redes comunitarias, de las buenas relaciones, de una convivencia sana, pacífica y comprometida entre las personas que comparten y comulgan con los mismos valores.
Para esto, es necesario abrirse de corazón, darle una oportunidad a los demás de mostrase tal como son. Si no recuperamos esta disposición. Si no estamos por lo menos dispuestos a darle esta oportunidad a quienes no piensan o no obran igual que nosotros, sencillamente nos estamos equivocando.
Ojalá estas fechas ayuden a la reflexión.







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