Tiempo de diferencias

Los tiempos que corren y sobre este año, contando para ello los 12 meses siguientes, son tiempos difíciles, tiempos en los que se hace hincapié más en las diferencias que en las coincidencias de los ciudadanos y que por lo tanto debemos saber manejarlos para que no dejen daños difíciles de superar luego.
Conservamos en nuestra memoria un concepto del tres veces intendente de Salto, Esc. Eduardo Malaquina, quien reunido con sus amigos al cumplir 80 años, y pregunta. Tiempo sobre la decisión del intendente Andrés Lima de denominar un tramo de la costanera con el nombre de Malaquina expresó su beneplácito y sostuvo: la gente no tiene ni idea de lo que nos apreciamos los políticos…
Así debe ser, para nosotros por encima de la diferencia de las ideas, debemos apreciar los valores personales. Las ideas se rebaten con argumentos, con otras ideas que pueden ser valoradas en mayor o menor medida por unos y otros, pero nada puede ser más importante que los valores personales.
Cuando se trata de buena gente, es decir de buenos ciudadanos, preocupados por lo mismo, vale decir por el bienestar de todos sus ciudadanos, no debemos permitir que las ideas políticas sirvan para separarnos.
Felizmente Uruguay es un ejemplo en esta materia. Tiempo atrás nos sorprendía saber que había líderes extranjeros que se asombraban al saber que líderes políticos uruguayos se encontraban, saludaban y reunían aún en los tiempos más difíciles y aunque ideológicamente estuvieran en las antípodas unos de otros.
Esto no quiere decir que las ideas no se defiendan con pasión y con vehemencia, como se lo hace, sino que todos tienen claro que las contiendas políticas no deben eclipsar otros valores, otras vivencias que más allá de las ideas son las que definitivamente nos hacen pensar en quienes son buenas personas y quienes no.
Estos son tiempos para saber ante qué estamos en todos los casos. La pasión en la defensa de las ideas no debe hacernos dejar de lado la caballerosidad, defender y argumentar nuestras ideas con el máximo de nuestras fuerzas para tratar de convencer a los demás, pero sin desconocer que pasados estos tiempos deberemos seguir conviviendo y compartiendo con nuestros vecinos, con nuestros conciudadanos y nuestros circunstanciales adversarios.
Competir con nuestros adversarios, con la altura que corresponde, es lo que verdaderamente hace a la grandeza de los políticos y de la democracia uruguaya.
A.R.D.