Tiene sus “bemoles”

El presidente José Mujica ha dicho recientemente que la mejor ley de control de la prensa es la que  no existe y este concepto ha sido recogido en la  Argentina, donde se está tratando de llevar adelante precisamente una ley de prensa que la oposición y los grandes medios no tienen empacho en calificar de “censura” y control.

Sin embargo, este tema no se da en blanco y negro, sino que tiene una amplia zona de tonalidades grises.

Compartimos la visión de Mujica en cuanto a que la mejor ley de control de la prensa es la que no existe, porque sin duda alguna que el mejor control es el que ejerce el propio público, ya sea lector, televidente u oyente, desde el momento que cuando se trata de una “masa” o población debidamente preparada o formada, capaz de analizar e identificar una información veraz y objetiva, de una “manija” o manipulación totalmente subjetiva, antojadiza y destinada a tratar de formar una opinión pre dirigida, es lo más acertado.

Esta es la verdadera situación de fondo.

Mujica trajo a referencia lo sucedido en relación a Saúl Feldman, el coleccionista de armas (tenía alrededor de 700), quien se suicidó tras matar a un policía y a quien muchos medios de prensa vincularon a la candidatura presidencial de Mujica, dado que el hecho se registró en plena campaña por la segunda vuelta electoral.

Hoy cuando la Justicia ha aclarado definitivamente los pormenores del hecho y ha descartado cualquier tipo de vinculación política, nadie ha asumido la responsabilidad de dar esta información con el mismo tratamiento o similar al menos, al que se le dio al hecho en sí y la presunta vinculación política.

Esto es lo que entendemos que no puede admitirse “sin más, ni más”. No puede ser que haya medios capaces de acusar y enlodar gratuitamente a personas o partidos, sin que nadie les pida cuentas.

No es bueno para la democracia, no es bueno para nadie, porque la irresponsabilidad termina por cobijar la mentira y la corrupción.

En esto hay que ser muy claros. Nadie, ningún periodista puede molestarse porque le pidan responsabilidad y seriedad por lo que publica.  Lo que no es admitido, es que bajo el pretexto de exigir responsabilidad se persiga a quien opina diferente o se castigue a los opositores.

Para evitar esto, no hay mejor antídoto que una “masa” debidamente formada y capacitada para discernir por si misma la calidad de la información que recibe.