Tomar conciencia del alcance de nuestras acciones

En estas columnas nos hemos referido reiteradamente a la educación popular y es probable que no haya quedado suficientemente claro que no nos referimos al conocimiento de una profesión o de un oficio, sino lisa y llanamente a lo que significa la prolijidad, la higiene y el orden que debemos mostrar en los lugares públicos.
Apenas observemos la conducta de los compatriotas en estos lugares, nos daremos cuenta a que nos referimos “la gente es sucia” hemos escuchado reiteradamente y no compartimos esta aseveración.
En primer lugar porque cuando se generaliza, se corre el riesgo de cometer injusticias. Hay compatriotas que nos hacen sentir orgullosos del país que integramos, prolijos, ordenados y correctos. ¿Cuántos son o qué porcentaje de la población obra así? Eso no lo sabemos.
Se nota en el tránsito y en toda ocasión que estos se desenvuelven en espacios públicos compartidos.
Seguro que también hay de los otros, la gente que tira papeles, botellas, envases de plástico y todos sus desperdicios fuera de lugar, así haya papeleras o contenedores cerca para recoger ordenadamente estos residuos.
Las ciudades son un reflejo de la conducta de quienes les habitan y no basta con que el gobierno departamental o municipal haga el máximo esfuerzo en este sentido para anular los malos hábitos, porque si nosotros seguimos mostrando nuestra desprolijidad de poco o nada servirán estos esfuerzos políticos.
Sabemos que estamos refiriéndonos casi a una utopía, pero para explicarlo gráficamente vayamos a la eliminación del mosquito del Dengue (Aedes Aegypti), depende de la eliminación total de los recipientes que contienen agua limpia, desde las tapitas a aquellas plantas que las contienen, ninguna población del mundo ha logrado eliminar este zancudo una vez que se instala pero eso no es excusa para que bajemos los brazos en esta lucha.
Es que mal que nos pese y sabemos que con esta opinión nos estamos ganando la antipatía de mucha gente, los pobladores somos parte de estos problemas y en buena medida la solución de los mismos depende de lo que hagamos.
Cuando obramos dando a entender que no nos importa lo que estamos incidiendo, es decir si para bien o para mal con nuestra conducta, seguiremos en esta situación, mostrando que no merecemos otra cosa que este mundo miserable, que ve proliferar los basureros tanto en el agua, como en los baldíos o en cualquier lugar público.
Es probable que esta conducta esconda otros problemas sociales, pero lo primero a tener en cuenta tiene que ser el tomar conciencia de nuestra realidad. Nadie puede encarar una solución adecuada a algo que no ve o no considera un problema.
Comencemos por el principio.
A.R.D.