Triste escena

El desalojo por parte del gobierno nacional – del izquierdista Frente Amplio surgido en gran parte de sectores de los trabajadores organizados integrantes de la entonces Convención Nacional de Trabajadores (CNT) comandada por el legendario José “Pepe” D´Elía, ha mostrado escenas lamentables en  filas de los trabajadores.
Se supone que en buena medida el acercamiento de los trabajadores organizados a un gobierno “popular” como se pregonó siempre al actual, sería muy diferente a lo que hoy se observa.
Esto no sería de lamentar, si no fuera porque se han llevado las diferencias que siempre existieron a límites inaceptables. El Uruguay vive hoy un grado de conflictividad tan alto como pocas veces sucedió cuando la central obrera se enfrascaba en las luchas contra los gobiernos “de derecha”, totalmente opuestos a sus postulados.
Que los trabajadores organizados no hayan cedido en sus reclamos, por más que sean en buena medida “afines” al gobierno, hablaría bien de la coherencia de sus postulados, salvo claro está cuando estas demandas se mantienen más allá de lo razonable y la intolerancia no deja el menor resquicio a la posibilidad de dialogar.
Las escenas lamentables a que nos referimos y que han sido más que bien aprovechadas por parte de medios que siempre han sido opuestos a los reclamos de los trabajadores organizados, se refieren al ingreso al hospital Vilardebó de aquellos trabajadores que no acompañaron la medida gremial.
Los ocupantes antes de desalojar formaron un “embudo” humano por donde debían pasar estos trabajadores bajo insultos y cánticos agraviantes.
Más allá de compartir o no los postulados de los trabajadores organizados, este tipo de actitudes son intolerables, propio de totalitarismos que no queremos tener jamás en nuestro Uruguay.
Aceptar las diferencias y tolerar a quien piensa diferente es una de las bases de la democracia. Ignorar a quien no piensa y actúa igual a nosotros está entre los principios sagrados de la cuestión gremial. “Unidad, Solidaridad y Lucha”, se pregonaba en los años más difíciles como las bases para el movimiento sindical.
Quienes no compartían los postulados del movimiento obrero, si no se lograba convencerlos con los argumentos que componían las plataformas obreras, sencillamente se los ignoraba, se los dejaba de lado.
El camino del agravio, de la división, de las provocaciones eran rechazados en todo momento.
Hoy ha quedado muy lejana la consigna de la unidad y los radicalismos parecen justificar cualquier actitud. Quizás porque se viven otros tiempos, porque no están dentro de lo factible las duras represiones de otras épocas, porque felizmente todavía hay gente que cree en el camino del diálogo de la sensatez, de lo razonable para obtener lo posible,  sin dejar de luchar por lo ideal, pero con los pies sobre la tierra.
Alberto Rodríguez Díaz

El desalojo por parte del gobierno nacional – del izquierdista Frente Amplio surgido en gran parte de sectores de los trabajadores organizados integrantes de la entonces Convención Nacional de Trabajadores (CNT) comandada por el legendario José “Pepe” D´Elía, ha mostrado escenas lamentables en  filas de los trabajadores.

Se supone que en buena medida el acercamiento de los trabajadores organizados a un gobierno “popular” como se pregonó siempre al actual, sería muy diferente a lo que hoy se observa.

Esto no sería de lamentar, si no fuera porque se han llevado las diferencias que siempre existieron a límites inaceptables. El Uruguay vive hoy un grado de conflictividad tan alto como pocas veces sucedió cuando la central obrera se enfrascaba en las luchas contra los gobiernos “de derecha”, totalmente opuestos a sus postulados.

Que los trabajadores organizados no hayan cedido en sus reclamos, por más que sean en buena medida “afines” al gobierno, hablaría bien de la coherencia de sus postulados, salvo claro está cuando estas demandas se mantienen más allá de lo razonable y la intolerancia no deja el menor resquicio a la posibilidad de dialogar.

Las escenas lamentables a que nos referimos y que han sido más que bien aprovechadas por parte de medios que siempre han sido opuestos a los reclamos de los trabajadores organizados, se refieren al ingreso al hospital Vilardebó de aquellos trabajadores que no acompañaron la medida gremial.

Los ocupantes antes de desalojar formaron un “embudo” humano por donde debían pasar estos trabajadores bajo insultos y cánticos agraviantes.

Más allá de compartir o no los postulados de los trabajadores organizados, este tipo de actitudes son intolerables, propio de totalitarismos que no queremos tener jamás en nuestro Uruguay.

Aceptar las diferencias y tolerar a quien piensa diferente es una de las bases de la democracia. Ignorar a quien no piensa y actúa igual a nosotros está entre los principios sagrados de la cuestión gremial. “Unidad, Solidaridad y Lucha”, se pregonaba en los años más difíciles como las bases para el movimiento sindical.

Quienes no compartían los postulados del movimiento obrero, si no se lograba convencerlos con los argumentos que componían las plataformas obreras, sencillamente se los ignoraba, se los dejaba de lado.

El camino del agravio, de la división, de las provocaciones eran rechazados en todo momento.

Hoy ha quedado muy lejana la consigna de la unidad y los radicalismos parecen justificar cualquier actitud. Quizás porque se viven otros tiempos, porque no están dentro de lo factible las duras represiones de otras épocas, porque felizmente todavía hay gente que cree en el camino del diálogo de la sensatez, de lo razonable para obtener lo posible,  sin dejar de luchar por lo ideal, pero con los pies sobre la tierra.

Alberto Rodríguez Díaz