Turismo sexual: una aberración de nuestra época

El denominado “turismo sexual”, eufemismo usado para disfrazar la explotación sexual, a menudo de menores de edad, es en primer lugar una aberración que daña más que nada a la actividad, vale decir al turismo, considerado uno de los elementos más nobles a los que el ser humano puede acceder.
El alquiler del cuerpo humano sea por las razones que sean es siempre detestable. Nique hablar cuando es forzada por redes de prostitución que capturan a las mujeres a veces casi niñas y las sumergen en estos bajos mundos de los que es prácticamente imposible salir.
Indudablemente que para salir de estas realidades se requiere más que nada una férrea voluntad por parte de quienes tienen la responsabilidad de controlar y prevenir lo que constituye un flagrante delito, cuando hablamos de menores de edad.
Frecuentemente se trata de una problemática “invisible”, vale decir que existe pero no se ve, aunque más de una persona la conoce y la maneja, quizás la mayoría convencido que les hacen “un favor” al visitante, cuando en realidad están siendo cómplices de un delito.
No sirve de excusa que el “turismo sexual” exista en todos lados, que sea entendido como “un servicio” demandado cada vez más frecuentemente por los visitantes.
Es probable que aparezcamos como “bichos raros” cuando planteamos el rechazo de plano de este “servicio”, pero entendemos que no es precisamente una actividad dignificante para la mujer.
Muchas veces cuando hablamos de tolerancia, de integración, de una sociedad justa y equitativa, estamos escondiendo la realidad porque quien tolera esta situación de la mujer no está precisamente bregando por la igualdad de posibilidades. Cuando se ignora de ex profeso que existe el problema se está pretendiendo tapar el sol con un dedo.
Respetar y tolerar significa también darle las condiciones imprescindibles para evitar que tengan que prostituirse.
Quizás cuando no se trata de una hermana, de una hija o de un familiar, tenemos la tentación de aceptar la situación como algo “normal”, pero cuando nos toca de cerca es muy diferente. Recién allí caemos en la cuenta de lo que realmente significa para una mujer tener que recurrir a esta salida, generalmente por necesidades económicas, dado que de otro forma no tendría posibilidades de acceder a ciertos bienes.
En definitiva que haya “turismo sexual”, es responsabilidad de todos y aún a riesgo de perder parte del mercado turístico, preferimos que Salto no esté en el mapa de este tipo de acciones, sencillamente porque es aberrante.