Turismo: sin muchas vueltas más

Nadie a esta altura puede dudar que el turismo es uno de los factores más importantes en la economía departamental. No tanto por lo que significa de ingresos directos para las arcas municipales, sino por el aporte que significa para la actividad privada y por ende indirectamente – a través de los impuestos que paga ésta – para la actividad pública.
El turismo está reconocido como la actividad que más y mejor distribuye los ingresos en cada lugar.
Es justo reconocer -a nuestro entender – que en estos momentos hay proyectos encaminados, estudios e incluso inversiones del gobierno nacional, a través del Ministerio de Turismo y Deporte, que entendemos como muy importantes para el futuro de la región termal.
De todas formas, seguimos creyendo que el desarrollo del turismo departamental no tiene sentido si no está concebido como parte del turismo regional y éste tiene un desafío muy importante: apostar a la calidad y no a la cantidad.
No al mismo tiempo, por lo menos. La época de “alta”, es la más cara y selectiva en todas partes del mundo y también debe serlo aquí. En cambio la baja temporada debe ser aprovechada con planes que atraigan a los demás sectores del mercado, el que no llega en las temporadas de mayor demanda, pero si puede hacerlo, por razones de cercanía, si se incentivan con precios promocionales, cuando se armonizan los intereses.
Esto que parece tan sencillo, es lo que menos parece entenderse y por lo menos hasta el día de hoy no vemos que se haya asumido en la dimensión que corresponde.
Seguimos viendo que hay dos conceptos totalmente antagónicos en la materia. En esferas oficiales se sigue “evaluando” el éxito o fracaso de una temporada o de un fin de semana largo, por la cantidad de entradas vendidas o el número de personas que se traslada al lugar.
Nada más errado. Creemos que lo más adecuado es evaluar el gasto que hagan los visitantes y esto pasa por aspectos esenciales, como las posibilidades económicas del visitante que logre atraerse y en eso es  determinante la calidad de servicio que se preste.
Esta es la cuestión. No se trata de “amontonar” gente, sino de darle la mejor y mayor calidad de servicios posible, que se puede cobrar debidamente y sobre todo lograr la mejor inversión para el desarrollo del lugar: la satisfacción del cliente para que se vaya convencido que vale la pena volver a disfrutar del lugar.
Este es el camino, hay que entenderlo y atenderlo, sin muchas vueltas más.







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